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5.954 kilómetros y 10 descubrimientos

Un total de 16 días con sus noches. Siete países y siete camas. Casi 3 días completos en el coche con Pablo al volante y nuestro hijo dormido, en una modalidad de tele-transporte adolescente digno de envidia, en el asiento de atrás. Y casi 6.000 kilómetros.

Empezamos por Burdeos y comiendo ostras y, desde ese momento, ha sido un maravilloso “no-parar” de paseos, templos, bares y fotos, muchas fotos que nos ayudarán a recordar este viaje inolvidable y a torturar a los que no vinieron con anécdotas que seguramente no les interesarán en absoluto. Pero para eso están la familia y los amigos ¿Verdad?

Durante estas vacaciones, como es mi costumbre, he subido fotos de los lugares que hemos visitado, casi todas ellas sin imágenes nuestras (creo que hay una de Brujas en la que aparece mi hijo), en ese afán narrativo que siempre me acompaña, mezcla de exhibicionismo, charlatanería y gusto por la secuencia. Desde mi salida de la oficina por las puertas giratorias que me conducían a tres semanas de libertad laboral, hasta la vuelta a casa, plasmada en una imagen del ventanal del salón visto desde mi sofá, donde descansaba después de deshacer maletas, poner lavadoras y otras tareas propias del regreso.

Pero no creáis que todo ha sido turismo, gastronomía (he de decir que la Globalización, con todos sus peligros intactos, sí ha contribuido a que se coma bien prácticamente en todas partes. Algo que no pasaba hace un par de décadas). En estas semanas de ruta, he hecho una serie de descubrimientos – de dudoso valor, eso sí- que he decidido compartir con vosotros.

  1. La Fanta es voluble. En cada país tiene un color (más o menos naranja) y un sabor. En algunos países, la botella es naranja o amarilla. Pablo ha hecho un auténtico estudio sobre el producto, que ha consumido prácticamente en todos los lugares que hemos visitado. En el primero de ellos, en Burdeos, no había Fanta y probó la Orangina (¡Qué francés!), que contó con su aprobación. Con casi 17 años, sus “comandas” se reparten entre el líquido naranja, Coca-cola normal (que asegura que es lo único que sabe igual en todas partes) y alguna soda. Dice que no le gusta el alcohol, aunque probó la sidra de su padre y afirmó que “está buena”.
  2. La leche fresca en Italia sabe diferente. Creo que peor. Yo no lo sé porque no soporto la leche, y menos esa, que parece que te entrega personalmente la vaca. Pero a los Pablos les encanta y están convencidos de que la italiana tiene que mejorar. Sugerí que podría tratarse de la marca, porque siempre era la misma, pero creo que la afirmación general es mas contundente y queda mucho mejor. Tendremos que volver (otra vez) a comprobarlo.
  3. Los parpadelle con ragu sientan como un tiro en la cena. Un adolescente come y duerme en cantidades y tiempos sorprendentes. A veces me quedo mirando a mi hijo, intentando descubrir su límite.  Y creo que en este viaje lo hemos encontrado. Y es este aparentemente delicioso plato de pasta. En una terraza preciosa, en Cinque Terre, se tomó una gran ración, con esa carne picada y sabrosa que, además, era de jabalí.  No dejó nada y se tomó una tarta de postre. Al día siguiente, no se movió de su habitación (excepto para ir al baño) y todavía hoy, casi una semana después, se revuelve cuando piensa en los parpadelle de Monterosso. Eso sí, ha vuelto a su ingesta habitual y desproporcionada.
  4. Dos días en Como no son suficientes. Uno de los lugares más hermosos que he visto nunca, y no solo por su belleza visual. Huele bien y trasmite felicidad. Nos hemos enamorado de las Villas, la luz, los pueblos en cuesta, la lanchas con toldo azul que recorren el lago y las Gelaterias que están por todas partes. Así que el año que viene queremos volver y vivirlo un poco. Compraremos tomates y mozarella, y tendremos una casita junto al agua, con nuestra propia lanchita. Eso espero. Es genial hacer planes de verano cuando todavía no ha acabado este.
  5. Amsterdam huele a porro. Y punto. Casi por cualquier rincón de la ciudad te abraza, a cada pocos pasos, ese aroma picante y divertido. Miras a las manos de alguien a tu lado y ahí está. Un cigarrillo de marihuana bien liado y humeante. Las bicicletas, tan impertinentes allí porque dominan la situación, también son dignas de ver (y esquivar), pero ni parecido.
  6. En Italia, la gasolina es carísima. Y en Francia también, aunque un poco menos. Hemos repostado en 7 países y esta es la sencilla y clara conclusión. Y luego está lo de los peajes. Tantos que hemos perdido la cuenta.
  7. En Holanda hay agua por todas partes... y ni una montaña. Supongo que fue la necesidad, porque hay canales y hasta mares interiores. En el esfuerzo por ganarle terreno al mar y tener una tierra fértil y verde.  Vayas por donde vayas, descubres agua y, si levantas la vista, lo ves todo, a lo lejos, porque es un país tan plano que impresiona. Cuando llegas a Alemania, hasta las colinas te parecen enormes. Y luego están los molinos, que no se convierten en gigantes.
  8. Las buenas intenciones no siempre son suficientes. A veces, es mejor esperar, aunque tu corazón quiera echar una mano, proteger o cuidar. Hay que reflexionar, hablar y pensar en las consecuencias y los riesgos.  Es bueno que te lo recuerden de vez en cuando. Las vacaciones son un buen momento para darse cuenta.
  9. Las conversaciones importantes se pueden mantener en cualquier sitio. Incluso en la terraza de un bar de Brujas, antes de cenar. Yo creo que siempre es mejor hablar de lo que te preocupa, sobre todo si tiene que ver con la opinión de alguien a quien quieres. No sé si estoy en lo cierto, pero a mí siempre me ayuda, aunque no sea inmediatamente y suponga, al principio, un pequeño o gran disgusto. Pero poner los problemas sobre la mesa es la mejor (sino la única) forma de poder reflexionar sobre ellos y afrontarlos. Tal vez no se solucionen, pero callándolos seguro que tampoco.
  10. En Burgos siempre hace mal tiempo. Volvimos a España pasando por Vitoria-Gasteiz para ver al Barça, en una tarde a 30º y una noche de zuritos y pintxos. Al día siguiente, de regreso a casa, pasamos por Burgos, para enseñarle a Pablo la Catedral. Imagino que habrá días soleados en Burgos, pero yo no los he visto.  Y el domingo no fue una excepción. El cielo estaba negro y la temperatura era de 15º a las 12 del mediodía del 27 de agosto.  Y llovía. Mucho. La catedral, preciosa, como siempre.

No son grandes descubrimientos, pero me ha gustado hacerlos. Y compartirlos con mis dos acompañantes. Echamos de menos a Elena y a nuestros bichos, pero han sido unas vacaciones maravillosas, casi perfectas.

Porque otro de los acontecimientos que tuvieron lugar durante nuestra ausencia fue el atentado de Barcelona, la tarde del 17 de agosto. Estábamos en Amsterdam, después de un día lluvioso que disfrutamos a cubierto, en EYE, el Museo del Cine, entre una exposición de Escorsese, una deliciosa tarta de queso y la revisión de la última película de Nolan en versión original subtitulada en holandés. En el aparcamiento eché un ojo a Twitter y vi las primeras noticias sobre el, en ese momento, “atropello masivo” que ya sonaba a ataque y encogía el alma. Y luego cada paso de la Operación Policial, sin poder apartar la vista de la pantalla, ni siquiera mientras paseábamos por una ciudad que se inundó gente cuando escampó.

Ese fue el último de nuestros hallazgos. La muerte puede encontrarte en cualquier sitio. En casa o a miles de kilómetros. Da igual quién seas, lo que hagas o con quién estés. Así que mejor, mientras tanto, vivamos y sigamos adelante. Quedan muchos viajes por hacer.

Hasta la próxima entrada.

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Mi gato, Bruce.

Ayer Bruce se cayó por la ventana de la cocina, desde la que le gustaba mirar a los pájaros. Y se hizo tanto daño que se murió. Aguantó un par de horas en brazos de mi hijo y en el hospital, pero no pudo con todo ese dolor. Así que se ha ido.

Bruce era todavía muy pequeño. Esto no tendría que haber pasado. Pero pasó. Y ya no está.

Solo llevaba 7 meses con nosotros, desde aquel día de noviembre que lo encontré, perdido y solo, a la vuelta de mi paseo por la Casa de Campo. Se agarró a mí con tanta fuerza, que desde el primer momento sentí su corazón, apresurado, latiendo a toda velocidad junto al mío, y su ronroneo, fuerte y tembloroso que nos hacía retumbar a los dos mientras, casi corriendo, lo llevé en brazos hasta casa, segura de que se había escapado de un hogar en el que lo echaban de menos. Tan guapo, tan blanco, tan suave…

Buscamos a esos dueños sin mucho ahínco, cuando descubrimos que no tenía chip y nadie lo reclamaba. Desde el principió nos conquistó con sus zalamerías, sus arrumacos, sus monadas… Lo recuerdo buscando los rincones del cuerpo de Pablo mientras veía la televisión, sabiendo que era al que tenía que convencer para quedarse con nosotros.

Y se quedó, claro. No tardamos mucho en decidirnos. Un par de días y ya era uno más de la familia, junto con los otros perros y gatos que la forman. Nuestro primer gato macho, con sus colmillos grandes, su pis maloliente, sus ojos verdes y su máscara de Batman de donde vino su nombre, tan adecuado. Bruce, como Bruce Wane, el héroe de Gotham. Nuestro héroe.

Hasta mi padre se enamoró de él.  Del “gato pinto” como lo llamaba, que siempre se sentaba a su lado, cuando venía de visita y se ponía a leer el periódico. Se pegaba a su pierna, esperando una ración de caricias, que siempre recibía, como por casualidad, de las manos arrugadas y fuertes de ese hombre viejo que me enseñó a amar a los animales.

Y es que Bruce era todo amor. Se tiraba al suelo o sobre la cama para que le acariciaras la panza, y nunca tenía bastante. Por las mañanas, me despertaba y perseguía por todo mi cuarto a mi gata Robin, que al principio le bufaba y a la que también, e inevitablemente, conquistó. Solo un día antes de la caída, nos intercambiamos fotos de los dos durmiendo juntos la siesta y jugando en el sillón.

Dormía con Pablete en su cuarto, mirándolo desde la silla de oficina que era su cama,  a medias con el cojín que le disputaba a Nico (nuestro Yorkshire, el tercer inquilino de aquel cuarto masculino y adolescente) con divertidas tretas de tunante.  Por las mañanas, cuando se cansaba de dormir, quería jugar, así que lo mandaban al baño, donde no paraba de maullar hasta que alguno de nosotros le abría y le dejaba salir para jugar con quien estuviera dispuesto, a carrera tendida, subiendo y bajando las escaleras con piruetas imposibles.

Ayer yo no estaba. No lo vi caer, no lo vi tirado y ensangrentado en el suelo, no lo vi sufrir, ni lo vi morir. Así que hoy cuando he llegado a casa hace un rato, esperaba, en el fondo, que no fuera verdad, encontrármelo al abrir la puerta, como todos los días, con ese maullido fuerte, de hombretón gatuno, que tanto me gustaba.

Pero no está, no. Ya no está. Y necesitaba despedirme a mi manera, decirle adiós por escrito, llorando a moco tendido, con Nico a mis pies y Robin a mi lado. Rodeada de amor, pero con un hueco enorme, en el pecho y en mi mano, a la que le quedaban muchas caricias a ese pelo suave y blanco.

Bruce, te prometo que las voy a gastar todas, como hacías tú. Te quiero, gatazo.

Hasta la próxima entrada.

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7 razones para tener a esta rubia en tu vida

No es Marilyn, ni Cameron Díaz, ni Paltrow, ni Witherspoon, ni Edurne… Ni falta que le hace. Esta rubia no es peligrosa, pero vale más que todas ésas juntas y un puñado más. Inma, que así se llama esta mujer única, es uno de esos descubrimientos que haces en la vida, como sin querer, de los que nunca quieres desprenderte. Un cruce casual en un trabajo que no llegamos a compartir, fue el principio de “una hermosa amistad” como dijo aquel gendarme inolvidable a un inolvidale Rick.

Y ahora se va, a empezar una vida que se merece y que ya le tocaba. A una nueva vida en la que sus nuevos compañeros no saben la suerte que han tenido, a hacer, en parte, lo que le gusta hacer. Otra de nuestras pasiones en común: escribir.

Sé que es Ley de Vida. Sé que es para mejor. Sé que no estará muy lejos. Pero se va y yo me resisto. Como diría otra rubia de la que soy fan, ella #seestáhaciendoilusionesyleestánquedandopreciosas. Y se van a cumplir, pero nosotros nos quedamos un poco flojos sin ella. Flojos de ánimo y flojos de calidad. Sin ella y sin todas esas cosas que trae “de serie”, cada mañana, muy temprano, desde Getafe a nuestro trocito de mundo en Madrid.

  1. Tan pequeña y tan grande. Si tuviera que definir a Inma diría que es”La más grande” como aquella otra, pero guardada en un cuerpo muy pequeño, aunque lleno de empatía, amor propio, esfuerzo, apoyo, compañerismo y con una sonrisa enorme, que últimamente echamos algo de menos.
  2. Ella, yo y la hipocondria. Ahora nos deja solas a esa hija de puta y a mí. ¿Quién va a entender mi locura a partir de mañana?¿Con quién voy a compartir los miedos, la angustia, la vergüenza y hasta el ridículo que acompaña a las que somos así, y se nos va la cabeza? La gran C nuestro anatema y nadie como nosotras mismas para reírnos de los numeritos que montamos o imaginamos y que tienen impresionada a la Comunidad Sanitaria española.
  3. Esa pluma, que le encanta utilizar. Nuestros debates sobre si esto se escribe así, si la Fundeu dice esto o aquello. Nuestra indignación contra la RAE que con la aceptación de almóndiga acabó para nosotras y perdió nuestro respeto para siempre, aunque ahora se empeñe en desmentirlo. Ella siempre utiliza el término exacto, tiene la medida justa y la estructura adecuada. Es una de esas pocas personas que mantiene mi fe gramatical y ortográfica en la Humanidad. Nuestro querido Blog ha sido una forma de canalizar ese picor de dedos que se siente cuando TIENES que escribir.
  4. Y ese olfato… para la noticia. Sus horas de hacer la cena en casa han sido fuente inagotable de inspiración para identificar oportunidades de perchas para nuestro equipo, siempre atenta a la actualidad y a la relevancia de cada tema, su recorrido, el mejor enfoque y la forma correcta de proponerlo al medio o al periodista indicado. ¿Qué mas se puede pedir?¿Qué vamos a hacer sin ella?
  5. Amor por el periodismo. En esto se resumen los dos puntos anteriores. Eso también nos une. La nostalgia por el trabajo de calle y al pie del cañón, en los medios, antes de pasar al “Lado Oscuro” de la profesión. Lo peor es haberlo vivido y saber lo divertido que es. Somos periodistas de corazón, pero la vida nos ha llevado por otros derroteros, en los que hemos intentado hacer algún pinito, para que la morriña no se convierta en absoluta frustración. Por eso, las dos y un par de locas más nos lanzamos a un proyecto maravilloso, a punto de cumplir ya tres años, en el que hemos volcado mucha ilusión y todas las ganas del mundo, y que nos ha dado tantas alegrías. Gracias, cielo, sin ti no sé si habría sido posible. O, por lo menos, no habría sido igual
  6. Los años que vivimos peligrosamente con un cliente tremendo que marca para siempre. Momentos surrealistas, situaciones increíbles, encuentros sin sentido… Y tanto trabajo. Aprendimos mucho, aunque a bofetadas. Eso sí, una experiencia como esa, une para siempre. Ella dominaba el trabajo, tenía todo en la cabeza, pero nunca llegó a entender ni a aceptar que aquello fuera así. Es normal. Un alma buena, sabia y sincera no encuentra sentido a algo como aquello. Una condena de más de diez años de la que nos libramos, por fin.
  7. Un himno que huele a cerveza es parte de lo que nos deja como legado. Todo un símbolo de nuestra historia reciente y de nuestras vivencias. Un manifiesto y una declaración de intenciones que, al menos de momento, hemos conseguido mantener, echándonos una mano. Seguir aquí, con la cabeza alta y sin rendirnos. Nada menos. Ole mi rubia.

Y podría seguir, pero me pongo triste. Lo peor de todo esto es no haber sabido mostrar a todos lo que es Inma. Su valor, su talento, su ilusión, sus capacidades únicas y, sobre todo, ELLA.

Yo sí lo vi. Y muchos otros también. Es tan grande en ese cuerpo tan pequeño…

¡A por ellos, rubia! Déjalos impresionados. A nosotros nos dejas un poco solos. No te vayas del todo.

Hasta la próxima entrada.

 

 

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Ser la madre que te dé la gana

El parto, si todo va bien, es casi lo más fácil. A partir de ahí empieza lo complicado y no hay libro de instrucciones que esté garantizado. Tenemos que decidir cómo queremos criar a nuestro hijo y cuál es nuestro papel en ese grandioso proyecto.

En la última década, cada vez es más frecuente la llamada “crianza natural” o “con apego”, que recupera la teoría formulada por John Bowlby  y que defiende el contacto físico y emocional del niño con su figura de afecto principal como la mejor fórmula para su desarrollo físico y cognitivo y de seguridad de sí mismo para el resto de su vida. Esta teoría, impulsada en los EE.UU. por la familia Sears en las últimas décadas, define la maternidad y la crianza como procesos naturales e instintivos, propios de nuestra condición de mamíferos.  Defiende los partos naturales, la lactancia materna por el mayor tiempo posible (incluso hasta los cinco o seis años), el colecho con los niños hasta que ellos lo decidan, la “cría en brazos” (porteo)  por la madre o la educación en el hogar y no en la escuela, entre otras propuestas.

Este modelo de maternidad, que irrumpió hace unos diez años en España, donde también se la conoce como “crianza respetuosa”, tiene adeptos y detractores. Aquellos afirman que las primeras relaciones en la infancia determinan cómo nos relacionamos afectivamente con los demás y determina nuestra conducta en la vida adulta.  Según sus defensores, con esta forma de crianza se trata de responder a las necesidades de los bebés, atenderlos, y que así se sientan queridos, acompañados y sostenidos emocional y físicamente, para que desde la calma, puedan desarrollarse correctamente.

Los que cuestionan esta forma de ejercer la paternidad consideran que carece de base científica y que lo que realmente busca es devolver a las mujeres – que son las que habitualmente ejercen esa figura principal de afecto- al hogar, renunciando a las conquistas y derechos de finales del SXX.

Los que, como yo, somos críticos creemos que esta tendencia es otra forma de competir por quién es más madre y un retroceso para el Feminismo. Eso no significa que cuestionemos la gran importancia del vínculo afectivo fuerte entre la criatura y las personas adultas que se ocupan de ella, esencial para el desarrollo de una futura personalidad independiente, segura y con capacidad para establecer relaciones sanas. Lo que ponemos en tela de juicio es que para ello sea necesario llevar al niño siempre a cuestas, darle de mamar cuando quiere y durante varios años o que duerma con sus padres cada noche. Creo que esta moda convierte al niño o a la niña en el centro de la creación y no le ayuda a aprender, por ejemplo, cómo soportar la frustración. Y convierte a la madre, no en la mejor madre del mundo, sino en una esclava doméstica.

Sin embargo, las que practican este tipo de crianza consideran que no estar con sus hijos pero trabajar para alguien que les paga es lo que es una forma de esclavitud. Argumentan que ese vínculo imprescindible solo se consigue respondiendo a las necesidades físicas y emocionales de los bebés. Si pide brazos, hay que cogerlo. Si no quiere dormir solo, se le mantiene cerca. Y si pide teta, la madre lo amamanta. Para poder hacer todo esto, muchas mujeres dejan las carreras que habían elegido para poder estar más tiempo con sus pequeños.

En mi opinión este modelo, que es casi un culto, ejerce una presión injusta e innecesaria sobre las mujeres, algunas de las cuales sienten fatal al creer que fallan como madre por no seguir sus dictados. Yo creo que lo más importante para los bebés es que noten que sus padres los quieren. El método específico de nacimiento y de alimentación y el número de horas que han sido cargados al día son irrelevantes. Los bebés no necesitan una madre perfecta, o lo que algunos consideran perfecta.

Yo le di la teta a mis dos hijos durante unos meses, porque sé que es bueno para ellos, claro. Pero lo que a mí me gustaría es que tener hijos no supusiera, otra vez,  que la madre tenga que dedicarles su vida entera, y pararla, para ella y sus cosas, durante años. Vivir no es solo llegar a vieja. Y también me encantaría que la sociedad no siguiera penalizando y haciéndonos sentir culpables a las mismas de siempre. Creer que eres una madre de mierda es, efectivamente eso, una mierda.

Hasta la próxima entrada.

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Machismo venial (o la Teoría del Total)

Sí,  venial. Como esos pecados que cuando éramos niños nos decían, en Catequesis, que no eran tan importantes. Pecadillos que con un par de Padrenuestros y tres Avemarías de penitencia estaban olvidados. También podríamos llamarlo, como ya ha hecho alguno de cuyo nombre no tengo ningún interés en acordarme, “machismo leve”, como si de una tipología de delito se tratara.  A este paso, como las plumas neomachistas se nos animen, va a acabar por ser, simplemente, una Falta.

A mí me gusta llamar a este movimiento creciente la Teoría del “Total”.  Suele argumentarse así, quitándole importancia a esos gestos, acciones o comentarios que consideran inofensivos: “Total, por una canción…”, “Total, por un piropo…”, “Total, por un chiste”, “Total, por un vestido”. Y nos llaman histéricas, feminazis y cosas peores a las que alertamos sobre lo que influye todo eso en que en esta sociedad, en pleno S.XXI, nuestros hijos sigan creyendo que quien te controla te quiere más, que los celos son también una prueba de amor. Las niñas siguen teniendo miedo a ir solas por la calle y las mujeres somos violadas y asesinadas todos los días simplemente por serlo.

En ese grupo de nuevos machistas quejumbrosos se encuentran hombres y nombres conocidos de la literatura y el periodismo, algunos de ellos sorprendentemente jóvenes. Tuve que leer dos veces la fecha de nacimiento de aquel que tituló una columna con un “Ablación textil”  y se quedó tan ancho. Se refería así  a lo que, según él,  le hacían a Cristina Pedroche las que cuestionaban  su cosificación en Nochevieja.  Si no fuera porque es una broma macabra, tal vez me reiría.  O no.

Pues nada, hombres. Sigamos así. Que nadie se moleste si un profesor comenta, chistoso, “me pongo con las chicas, que son más guapas” o si una JEFA incluye un hombre en un equipo (Da igual quién. Lo que importante es que tenga pene)  porque el cliente es muy “tradicional” o el sector muy masculino. Continuemos aguantando comentarios sobre nuestra apariencia en reuniones de trabajo, e interrupciones sin consecuencias cuando somos nosotras las que tenemos la palabra.

Los adeptos a la Teoría del Total esgrimen, con enorme agudeza, que los que componen esas canciones, los que opinan sobre tu aspecto sin pedirles opinión, los que “animan” a llevar tacones a las empleadas de su empresa y los que escriben artículos sobre el peinado y la manicura de Vicepresidenta del Gobierno después del verano o sobre la relevancia de la relación sentimental de lrene Montero (la “Yoko-Ono de Podemos”) con Pablo Iglesias solo están ejerciendo su Libertad de Expresión. Que ellos no violan, ni agreden ni asesinan mujeres, que son los actos de lo ellos que deben de considerar, supongo, Machismo Grave (porque Mortal, como los peores pecados, sin duda lo es).

Y es que, según dicen muchos de estos señores, muy leídos y muy modernos ellos – y algunos muy jóvenes, insisto-, las que critican y alertan públicamente sobre todo esto, como Barbijaputa, Yolanda Domínguez o, hace apenas unos días, las musicóloga Laura Viñuela son (somos) “monjas posmodernas” o ”máquinas censoras”. Y consideran, muy seriamente y desde su “viril distancia”,  que lo que nos pasa es que nos morimos de envidia por la belleza de las guapas, que no es igualitaria, sino una lotería que, por supuesto, no nos ha tocado. Que quitarle a una mujer su capacidad de seducción – que no sé muy bien lo que es ni quién pretende quitarnos ese preciado don- es “matarlas”. No, amigos, no. Matarnos es otra cosa.

Y es que, no sé si lo sabían ya, estos sabios aceptan que el feminismo es necesario, pero tiene que ser el que a ellos les gusta –elegante, sereno, discreto y, supongo, más femenino-. Y todas las demás que, ejerciendo también nuestra Libertad de Expresión, nos rebelamos ante estas semillas del mal, somos putas, feas, gordas y, por supuesto, estamos  muy mal folladas.

Total, por un insulto…

Hasta la próxima entrada.

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3 mujeres del siglo más complejo

El siglo XX supuso un cambio social y cultural sin precedentes. En ningún otro ocurrieron tantas cosas. Tan buenas y tan malas, incluidas dos Guerras Mundiales, con millones de muertos, y cientos de guerras “pequeñas”, frías y calientes, que convirtieron al mundo en una bomba de odio, que explotó, en el joven siglo, con la onda expansiva más grande que nadie, nunca, se atrevió a imaginar y a temer. El 11-S, el 11-M, el 7-J, el 13-N y cientos de días más que ya no recordamos, porque mataron a personas demasiado diferentes y lejanas.

Estos días se han sucedido las muertes de dos mujeres centenerias que vivieron prácticamente todo aquel siglo, repleto de aventuras y catástrofes:

  1. Ha muerto Brunhilde Pomsel, la que fue secretaria de Goebbels y la última persona que podía recordarnos ya lo que pasaba en el Ministerio para la Ilustración Pública y la Propaganda que aquel demente dirigía para Hitler. Ella nunca se sintió responsable de nada, lo mismo que muchos otros alemanes que, también como ella, miraron hacia otro lado y siguieron con sus vidas, mientras su gobierno aniquilaba a millones de personas y los metía en una Guerra que destruyó su país y Europa entera.  En el documental Ein deutsches Leben (Una vida alemana) que se estrenó en 2016, dijo que lo  que hizo “no fue más que trabajar en la oficina de Goebbels”, que “nadie se podía imaginar algo así” (sobre el exterminio de los judíos). Nunca tuvo remordimientos.
  2. También acaba de morir, en Hong Kong, Clarence Hollingworth, la legendaria periodista norteamericana que con solo 27 años dio la noticia de su vida y la exclusiva del siglo. El 29 de agosto del 39 la primera página del Daily Telegraph titulaba “1.000 tanques concentrados en la frontera polaca”, anunciado al mundo entero los planes de Hitler para invadir Polonia. Tras aquel día, Hollingworth siguió trabajando como periodista en varios medios, aunque no pudo cubrir algunos conflictos por su condición de mujer. Pero sí estuvo en otros, en Vietnam, Oriente Medio, Pakistan o Argelia, y fue corresponsal en Pekin, donde informó sobre la Revolución Cultural de Mao.
  3. Y luego está Rosa, que aun está muy viva. Acaba de cumplir 102 incombustibles y alegres años. A Rosa, que es la abuela de mi amiga Ana,  le ha pasado de todo en su larga vida. Vivió la Guerra, perdió a seres queridos, trabajó como una bestia para que sus hijos tuvieran la mejor educación,  y siempre fue – y es- de izquierdas. Hace poco, se rompió la cadera y todos se asustaron. Pero ahí la tenéis, como una vela y jugando al Cinquillo otra vez, rodeada de nuevos amigos. En su cumpleaños sus biznietos la ayudaron, entre risas, a apagar todas las velas. El año que viene serán 103.

Ya os podéis imaginar a cuál de ellas admiro más. Sin comparación.

Hasta la próxima entrada.

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Por los que piensan diferente

Después de tantos días sin escribir aquí, no he tenido ni que decidir sobre qué hacerlo hoy. Es 15 de enero, así que solo hay un tema posible. Hace exactamente 98 años que Rosa de Luxemburgo fue asesinada en Alemania, tras formar parte de la Revolución Espartaquista de 1919.

Rosa de Luxemburgo es un icono del marxismo y de la divergencia ideológica. Desde su adolescencia tuvo una extraordinaria actividad política en su Polonia natal. Tanta que, con solo 18 años tuvo que huir a Suiza para evitar ser encarcelada por su militancia socialista. Allí terminó sus estudios de Derecho, además de coquetear con la filosofía,  las historia, la política, la economía, e incluso las matemáticas. Allí coincidió con otras figuras del socialismo, como  Anatoli Lunacharski y Leo Jogiches, entre otros.

Cuando en Alemania se legalizó el SPD, ella y algunos otros fundaron en Polonia el periódico La causa de los trabajadores y fundaron el Partido Social Demócrata de Polonia. Luxemburgo siempre se opuso a todo tipo de Nacionalismo, y por eso se enfrentó al Partido Socialista polaco, defendiendo  que la lucha debía enfocarse contra del capitalismo, y no en la independencia de Polonia. Esta postura, contraria a la autodeterminación de las naciones bajo el socialismo, también la enfrentó, más tarde, al mismísimo  Lenin.

En 1898 se trasladó a Berlín, ya como ciudadana alemana por su matrimonio con Gustav Lubeck, y empezó a participar activamente en la vida política germana, como parte del SPD, en su ala más izquierdista y revolucionaria. Estuvo encarcelada varias veces y enseñó marxismo en la escuela del partido, además de compartir sus opiniones en diarios de toda Europa y participar en reuniones socialistas internacionales, representando al partido.

En 1912, en la reunión de París, y junto al francés  Jean Jaurès, propuso una Huelga General de los partidos obreros si estallaba la Guerra. Promovió y participó activamente en varias protestas a favor de la Objeción de Conciencia y por el derecho de los trabajadores a no alistarse en el ejército de una Guerra que consideraba ajena a los intereses de éstos, una disputa entre imperialistas y capitalistas.

Rosa fue juzgada y condenada a la cárcel por estas opiniones, en las que finalmente se quedó sola, con un grupo reducido de compañeros. Su partido apoyó en el Parlamento la financiación de la Guerra con bonos del estado. Desencantada del SPD, fundó, con otros ex miembros del partido, lo que se convertiría en 1916 en la Liga Espartaquista, que se enfrentó al Gobierno e intentó convocar varias huelgas generales, por lo que fue encarcelada durante más de dos años, en los que publicó -con el pseudónimo de Junius– varios artículos, en los que criticó a los bolcheviques y anticipaba ya la posibilidad de que desembocara en una dictadura, aunque ella  misma siguió utilizando el término dictadura del proletariado definido por Marx.

Cuando salió de la cárcel, y tras muchos movimientos de la Liga con la USPD y el SPD, la misma Rosa de Luxemburgo fue una de las promotoras de la fundación del Partido Comunista Alemán. En 1919, y por otros levantamientos revolucionarios con los que ni siquiera estaba de acuerdo, fue detenida, golpeada y asesinada por los  paramilitares “Cuerpos Libres” (Freikorps). Su cuerpo acabó en el fondo de uno de los canales de Berlín.

Rosa de Luxemburgo es un símbolo del marxismo y una luchadora incansable por los derechos de los trabajadores, por encima de las nacionalidades, contra el capitalismo. Fiel a sus principios, siempre defendió que los obreros eran los que debían liberarse a sí mismos.

Hasta la próxima entrada.