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Por los que piensan diferente

Después de tantos días sin escribir aquí, no he tenido ni que decidir sobre qué hacerlo hoy. Es 15 de enero, así que solo hay un tema posible. Hace exactamente 98 años que Rosa de Luxemburgo fue asesinada en Alemania, tras formar parte de la Revolución Espartaquista de 1919.

Rosa de Luxemburgo es un icono del marxismo y de la divergencia ideológica. Desde su adolescencia tuvo una extraordinaria actividad política en su Polonia natal. Tanta que, con solo 18 años tuvo que huir a Suiza para evitar ser encarcelada por su militancia socialista. Allí terminó sus estudios de Derecho, además de coquetear con la filosofía,  las historia, la política, la economía, e incluso las matemáticas. Allí coincidió con otras figuras del socialismo, como  Anatoli Lunacharski y Leo Jogiches, entre otros.

Cuando en Alemania se legalizó el SPD, ella y algunos otros fundaron en Polonia el periódico La causa de los trabajadores y fundaron el Partido Social Demócrata de Polonia. Luxemburgo siempre se opuso a todo tipo de Nacionalismo, y por eso se enfrentó al Partido Socialista polaco, defendiendo  que la lucha debía enfocarse contra del capitalismo, y no en la independencia de Polonia. Esta postura, contraria a la autodeterminación de las naciones bajo el socialismo, también la enfrentó, más tarde, al mismísimo  Lenin.

En 1898 se trasladó a Berlín, ya como ciudadana alemana por su matrimonio con Gustav Lubeck, y empezó a participar activamente en la vida política germana, como parte del SPD, en su ala más izquierdista y revolucionaria. Estuvo encarcelada varias veces y enseñó marxismo en la escuela del partido, además de compartir sus opiniones en diarios de toda Europa y participar en reuniones socialistas internacionales, representando al partido.

En 1912, en la reunión de París, y junto al francés  Jean Jaurès, propuso una Huelga General de los partidos obreros si estallaba la Guerra. Promovió y participó activamente en varias protestas a favor de la Objeción de Conciencia y por el derecho de los trabajadores a no alistarse en el ejército de una Guerra que consideraba ajena a los intereses de éstos, una disputa entre imperialistas y capitalistas.

Rosa fue juzgada y condenada a la cárcel por estas opiniones, en las que finalmente se quedó sola, con un grupo reducido de compañeros. Su partido apoyó en el Parlamento la financiación de la Guerra con bonos del estado. Desencantada del SPD, fundó, con otros ex miembros del partido, lo que se convertiría en 1916 en la Liga Espartaquista, que se enfrentó al Gobierno e intentó convocar varias huelgas generales, por lo que fue encarcelada durante más de dos años, en los que publicó -con el pseudónimo de Junius– varios artículos, en los que criticó a los bolcheviques y anticipaba ya la posibilidad de que desembocara en una dictadura, aunque ella  misma siguió utilizando el término dictadura del proletariado definido por Marx.

Cuando salió de la cárcel, y tras muchos movimientos de la Liga con la USPD y el SPD, la misma Rosa de Luxemburgo fue una de las promotoras de la fundación del Partido Comunista Alemán. En 1919, y por otros levantamientos revolucionarios con los que ni siquiera estaba de acuerdo, fue detenida, golpeada y asesinada por los  paramilitares “Cuerpos Libres” (Freikorps). Su cuerpo acabó en el fondo de uno de los canales de Berlín.

Rosa de Luxemburgo es un símbolo del marxismo y una luchadora incansable por los derechos de los trabajadores, por encima de las nacionalidades, contra el capitalismo. Fiel a sus principios, siempre defendió que los obreros eran los que debían liberarse a sí mismos.

Hasta la próxima entrada.