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Ellas (seis) son así

Hoy es 20 de diciembre de 2015. Sí, 2015. Habéis leído bien. Bien entrado el siglo XXI. Celebramos las duodécimas Elecciones Generales de esta etapa de la democracia española. Y esta vez TAMPOCO hay ninguna candidata a la Presidencia del Gobierno.

Pero no me quiero repetir, ni “calentarme”. Así que vamos a hablar de mujeres que sí están en las listas y que tienen posibilidades de sentarse en los sillones rojos -y algunas, incluso en los azules del Gobierno- del Congreso de los Diputados, en la inminente legislatura.

Para esta selección, me he decidido por fijarme las listas por Madrid, aquellas que encabezan los candidatos “presidenciables”, y en las que suelen rodearse de sus principales y más íntimos colaboradores, sus posibles “ministros y ministras”,  si llegaran al Gobierno, por muy remota que -en algunos casos- sea esta posibilidad.

El orden, el que me ha dado la gana. Por qué decir otra cosa. Vamos allá:

  1. Carolina Bensaca (en la foto), nº 3 de Podemos, fundadora del partido y miembro de su Consejo Ciudadano. Ella siempre está ahí, desde el principio, desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM. A la diestra o la siniestra de Pablo Iglesias (al otro lado, Errejón). Una mujer fuerte, clara, fajada en mil platós. Con un verbo sereno y firme. Ha paseado su barriga y acarreado a sus hijos por mítines y campaña. Inquebrantable, irreductible.
  2. Sol Sánchez Maroto. También es socióloga (y antropóloga). Una activista, miembro de varias plataformas, entre las que destaca ATACC (movimiento surgido en 1998 en Francia como grupo de presión a favor de la introducción de la Tasa Tobin). Es la nº 2 de la lista de UP, resultado de las Primarias de la organización.  Por sus palabras la conoceréis, porque no se la ha visto mucho. Alberto Garzón ha acaparado el escaso protagonismo que le han concedido los medios a esta candidatura. #gatetes #abuelas y #garzoners han sido TT de Twitter, eso sí.
  3. Marta Rivera de la Cruz va de 3 en la lista de Ciudadanos por Madrid.  Escritora, conocida por sus novelas , sus colaboraciones en medios y por su actividad en Twitter, se ha lanzado a estas elecciones para apoyar a Albert Rivera y su  voto con “ilusión”.  Su papel (o papelón) más relevante, fue en el debate a 9 de TVE, en el que intentó justificar lo injustificable de la propuesta de su partido por lo que se refiere a la equiparación por género en lo que ellos tristemente llaman “violencia doméstica”.
  4. Estíbaliz Ochoa es la primera mujer de la lista de UPyD por Madrid. Va en el 3. Coordinadora del partido en Alcalá de Henares, ya fue candidata en las municipales por su ciudad. Sigue intentándolo, parece. Lo tienes, complicado, @Esti8a. En su perfil de Twitter dice que “siempre es el momento apropiado para hacer lo que es correcto”.
  5. La 2 de la lista del PSOE es Meritxell Batet. Me gustan esta mujer y sus pequeñas contradicciones. Una catalana en la candidatura por Madrid y pareja de un diputado del PP. Pero siempre llena de energía, y bien visible, a pesar de estar rodeada de esa gente tan alta de su partido (incluida Irene Lozano, “el fichaje”).  Espero que siga por aquí, independientemente de lo que la suerte le depare a su jefe de filas.
  6. Como a Soraya Sáenz de Santamaría ya le dediqué espacio propio en este blog, por el PP me quedo con Isabel García Tejerina, la flamante Ministra de Agricultura, que ya fuera Secretaria de Estado de “la cosa” antes de tener el dudoso honor de suceder a Margallo cuando lo mandaron a Europa. De ella, lo que destaco es que es una experta de verdad en el tema de los cargos que ha ocupado. Sabe de lo que trata. Y eso es tan raro en esta política de “ponte ahí”, que no es poca cosa. A ver a dónde va ahora. Pero si Rajoy vuelve a ser Presidente del Gobierno, con su conocida fobia a los cambios, el viaje no será largo. En este artículo queda claro que, a veces, con estos “medios amigos”….

Creo que era de ley dedicarles unas líneas a estas señoras, pero hasta yo misma me estoy cansando de los posts sobre política. No puedo prometer que el siguiente vaya de otra cosa, aunque lo intentaré, porque ya aburre. Dependerá del papel que tengamos las mujeres, a partir de mañana.

Hasta la próxima entrada.

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Soraya o “somos un equipo”

Hay argumentos muy difíciles de defender. Que el Presidente del Gobierno de un país democrático decida dar una entrevista personal en una cadena o que prefiera irse de puente mientras se está celebrando un debate entre candidatos a su puesto en unas Elecciones Generales inminentes es, sin duda, uno de ellos. Ayer, en el debate de AtresMedia, Soraya Sáenz de Santamaría recurrió al manido y poco creíble, “en el Partido Popular somos un equipo, muy grande, y el Presidente ha decidido que hoy me corresponde a mí hablar en nombre de ese equipo”. Qué chusco, pero ¿Qué otra cosa podría decir en semejante situación?

Pero ella no se arredra. Como ante todos los retos que ha tenido que afrontar desde que es Vicepresidenta del Gobierno -que no han sido pocos-, se pone “las botas de pocero” y se mete en el fango. Eso hay que reconocérselo a esta mujer, que se ha convertido en el “hombre fuerte” de un gobierno -su equipo-, integrado, en general, por hombres y mujeres de “bajo perfil”, empezando por Mariano Rajoy.

No tengo ni la menor idea de si ella es el Plan B del Partido Popular ante un posible futuro de pactos, o de si existe la “Operación Menina” articulada por Margallo y de la que tanto habla Pablo Iglesias -espero que no, porque además de ser una idea rocambolesca y sainetera, el nombre es terrible-. Me da igual. Ella está aquí porque hablamos de “dar la cara” y para eso ha demostrado que vale.

Soraya lleva años siendo la cara visible del Gobierno, la que responde a los periodistas en las ruedas de prensa de los viernes, tras los Consejos de Ministros, que a veces ella misma preside, en ocasiones flanqueada por alguno de los ministros varones, que comparece por algún tema específico, relacionado con su “cosa pública”. Para todo lo demás, Soraya.

Ella también asumió la crisis del Ébola, tras la garrafal gestión realizada por Ana Mato y las autoridades sanitarias de Madrid. Y también se está encargando de la parte frívola, bailando con Pablo Motos o conduciendo como una loca con Calleja, con incidente de globo incluido.  Gobierna, comparece, se esfuerza…

Y también ha tenido que aguantar lo suyo por el hecho de ser mujer, aunque ella no se declare feminista, ni defienda las cuotas, o forme parte de un gobierno desequilibrado en cuestión de sexo y de un Congreso en el que solo el 36 % de las diputadas eran mujeres y de unas listas en las que ni siquiera ella es número 1.

  1. ¿Recordáis las críticas que recibió por su  famosa entrevista, con posado incluido, en El Mundo hace unos años, cuando todavía estaba en la oposición? Frivolidad, “postureo”… (aunque no estoy segura de que ya se utilizara esa palabra). Muy parecidas, por cierto, a las que les cayeron a las ministras de Zapatero por un reportaje en Vogue.
  2. También recuerdo cómo me indignó la supuesta “loa” que le hizo ABC al estilo de la Vicepresidenta a la vuelta de unas vacaciones de verano, en la que había “endulzado su melena con unos reflejos dorados”. Que si sus uñas, su maquillaje, su ropa… Inolvidable. E inconcebible nada parecido si ella fuera “un él”.
  3. Y lo peor de todo. Las críticas por tierra, mar y aire a su decisión de incorporarse a su recién ganado puesto de segunda cabeza del Gobierno de España, a los pocos días de parir a su hijo. Soy feminista, ya lo sabéis, pero he de reconocer que en este punto  me preocupa cómo coinciden, a veces, algunas representantes de esta línea de pensamiento y lo más conservador de la sociedad. No estoy de acuerdo con la afirmación de que las mujeres tienen que agotar su baja maternal hasta el final, para facilitar el hecho de que lo puedan hacer otras mujeres, inclusi más si son figuras públicas y con responsabilidad política, porque es ejemplificador. Creo, por el contrario, que las mujeres tenemos que hacer lo que nos dé la gana en este tema, como en todos los demás, que tenemos cerebro y capacidad de utilizarlo para tomar esta decisión vital, según el momento de la vida en el que se produzca, la situación familiar y de cuidado del recién nacido que tengamos cada una y, por supuesto, según nuestros intereses y necesidades personales o profesionales. ¿De verdad que no es comprensible que alguien quiera asumir, lo antes posible, el mayor reto profesional de su vida?¿Que no quiera que ese único tren se vaya sin ella por haber sido madre (y su pareja, padre, que no se nos olvide?¿Que tema que esa oportunidad no se le vuelva a presentar si no la aprovecha YA? Y lo mismo me sirve para Susana Díaz o Carme Chacón, que sufrieron acusaciones similares, por un lado y por otro. Y solo por el “capricho” de ser Presidenta de la Junta de Andalucía o Ministra de Defensa.

Releyendo las líneas anteriores, parece que admiro a Soraya Sáenz de Santamaría, que en tantas cosas -y tan importantes- no tiene nada que ver conmigo ni con mi forma de entender el mundo. Pero, reflexionando un poco sobre ello, puede que sea cierto que, en parte, despierta en mí sentimientos positivos, pero son más bien de respeto. Por su esfuerzo, amor propio, prurito profesional, empuje y arrestos.

Sin duda, sería mejor Presidenta que Rajoy -eso no es difícil tampoco, claro- aunque, sinceramente, espero que no lo sea.

Hasta la próxima entrada.

 

 

 

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Una de cada tres

Somos aproximadamente la mitad de la población. Un poco más, de hecho. Tenemos la misma preparación que los hombres, aunque nos paguen menos.  Llevamos décadas en política, algunas – Clara Campoamor y Victoria Kent son solo un par de ejemplos- destacando significativamente, incluso cuando las mujeres no podían ni votar.

Durante la República, la Guerra y la dictadura, miles de mujeres lucharon y defendieron los derechos y libertades, suyos y los de sus conciudadanos, arriesgando e incluso perdiendo la vida. Las mujeres siempre han estado ahí, en primera fila, incluso cuando era necesario el permiso del padre o el marido para salir de viaje o abrir una cuenta corriente.

No me quiero poner trágica, pero es que es absolutamente increíble que 40 años después de la muerte de Franco y 38 desde las primeras Elecciones, solo un tercio de las cabezas de lista de las próximas Generales sean mujeres (dos de ellas son las protagonistas de la imagen y el vídeo de este post). Y ninguna de ellas, por supuesto, son candidatas a la Presidencia del Gobierno. Los candidatos se llaman Mariano, Pedro, Albert, Pablo, Alberto, Andrés… Ni una Ana, María, Carmen ni Elena.

Hubo un tiempo, hace unos meses, que parecía que la cosa estaba cambiando, por fin. Susana Díaz, Ada Colau, Manuela Carmena, Esperanza Aguirre, Rosa Díez, Tania Sánchez, Begoña Villacís, Inés Arrimadas, Teresa Rodríguez… Nombres de mujer encabezando las listas para los parlamentos europeos y regionales y para los ayuntamientos más importantes de España.  Ya era hora.

Pero no. Parece que no era una señal. Ni una tendencia. Nada de eso. Ahora hay que rebuscar en las listas para encontrar mujeres en puestos relevantes y con posibilidades en las candidaturas. Aunque desde hace ya 8 años la ley impone un mínimo del 40% de los puestos de las listas para cada sexo, cada grupo de cinco diputados, los partidos cumplen este porcentaje de tal manera que es menos probable que las mujeres ocupen un escaño. Ya en la Legislatura que acaba de terminar,  los varones ocuparon dos tercios del Congreso, frente al 36% de mujeres, casi 15 puntos por debajo de lo que debería ser por representación. Y esta vez, las cosas no parece que vayan a mejorar.

De hecho, hasta los nuevos y flamantes “partidos emergentes” hacen lo mismo. Ciudadanos es el que menos mujeres tiene en sus listas, y parece que el mismo Rivera tampoco se rodea de muchas en su equipo de confianza – recordemos el “gracioso chascarrillo” de la charla informal previa a la conversación entre él e Iglesias en Salvados, y en el que tampoco quedaron muy bien parados Évole e Iglesias, por cierto-.  Según Francisco Hervías, su secretario de Organización, están en contra de las cuotas “porque son un instrumento que no premia la meritocracia y va en contra de la igualdad”. Poco o nada que añadir a lo escrito Octavio Salazar en su blog de The Huffington Post de hace unos días: Algo sigue funcionado mal si las instituciones que nos representan continúan inclinando mayoritariamente la balanza del lado del que siempre tuvo el poder,  y vuelven a hacer a las ciudadanas invisibles.

Espero, con todas mis fuerzas, que estos sean los últimos comicios en los que yo, o cualquier otro, tenga que indignarse por esto.

Hasta la próxima entrada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Siempre nos quedará la radio

Esta semana pensaba escribir sobre esto o aquello. Pero esta vez es imposible hablar de otra cosa.

El viernes, 13 de noviembre, fue un día terrible. Un grupo de terroristas islamistas del ISIS asesinaron a más de 120 personas en París, simplemente porque estaban allí. En las inmediaciones del Estadio de Francia, mientras se disputaba un partido amistoso Francia-Alemania, tomando unas cervezas o cenando en una terraza cerca de la Plaza de la República, o en un concierto de rock en una sala legendaria. Viviendo.

Y de repente, todo se quebró. Las redes sociales se llenaron de noticias sobre sangre, dolor y muerte. Miles de parisinos y visitantes, profesionales de la información y ciudadanos anónimos y anonadados, contaron en primera persona lo que estaba sucediendo. Sus llantos y sus gritos llegaron pronto hasta aquí, deseando compartir su dolor, exigiendo explicaciones y demandando solidaridad. Tratando de entender y clamando contra semejante atrocidad.

Era Prime Time en la televisión, y nuestras cadenas nacionales ni se inmutaron. Todas ellas siguieron con su estúpida programación de viernes noche, como si no pasara nada. Sin mostrar el más mínimo interés por una noticia tan claramente trascendente, no solo para las víctimas, cuyo número iba aumentando minuto a minuto, sino para Europa y el mundo, que definitivamente se ha vuelto loco,  inmerso en el más absoluto y cruel sinsentido. Solo TVE 24 horas y 13TV suspendieron su programación para informar sobre los sucesos de París, seguidas algún tiempo después por TeleMadrid (y no sé si alguna tele autonómica más). Honrosas -pero minoritarias, por su audiencia- excepciones.

Es verdad que tampoco ninguna televisión ni ningún medio interrumpieron la emisión habitual para tratar el atentado del Líbano, que se cobró también decenas de vidas apenas unos días antes. Y eso está mal. Muy mal. Parece que los muertos de aquí (Occidente) y allá (el resto del mundo, y todavía más si son de otro color) no son iguales, y hay que llorar más a unos que a otros, sobre todo en los espacios públicos. Y eso es injusto. Muy injusto.

Pero no se trata de que las víctimas francesas sean de 1ª o no. Ese es otro (importantísimo) debate.  Se trata de que la noticia -como debería haber ocurrido con la del Líbano y tantas otras, aunque se produzcan lejos- conmueve los cimientos de la sociedad, mancha de sangre la libertad y siembra de miedo las vidas de millones de personas. Que tiene consecuencias humanas, sociales, políticas y hasta económicas que todavía no somos capaces de dimensionar. Que hace comparecer y cambiar los planes de los principales mandatarios políticos y líderes religiosos del mundo, y que supone un golpe más lo que llamamos civilización, haciendo dudar más todavía -si ello es posible- sobre su futuro, el de mañana mismo.

Y en este tremendo contexto, la radio mantuvo el tipo, una vez más. Cuando todos los programas nocturnos estaban a punto de cerrar la semana, borrachos de Soberanismo, Pre-campaña e imputados, saltó la noticia y, con ella, los equipos de sus asientos, hacia teléfonos y  micrófonos, para acompañarnos en esas horas de incertidumbre, espanto y dolor.

Debo decir también, claro, que muchos otros medios fueron activos y eficientes en la Red y en sus versiones online. Información permanentemente actualizada, corresponsales y enviados especiales al pie del cañón, analistas por todas partes. Es cierto.

Pero quiero hacer una loa a la radio, como medio de comunicación que siempre informa y ha informado a los ciudadanos de todos los colores y todas las clases sociales. Disponible y accesible para todos, en el baño y la cocina de todos nuestros hogares, en la mesilla de noche y en nuestro coche, acompañándonos como un amigo que nos cuenta al oído lo que pasa.

Y todas las radios, todas, estuvieron al pie del cañón informativo. Ampliando horarios, conectando con corresponsales y colaboradores, buscando testimonios, acudiendo a expertos, para intentar entender aquella locura…Haciendo periodismo en directo, como tiene que ser.

Gracias a los equipos de Angels Barceló (Hora 25,  Cadena Ser), Miguel Ángel Domínguez (24 Horas,  RNE), Juan Pablo Colmenarejo (La Linterna, COPE) y David del Cura (La Brújula, Onda Cero), por hacer bien su trabajo, junto con los responsables de otras emisoras, grandes y pequeñas a las que seguro olvido en esta brevísima relación.

Solo quería poner de manifiesto la importancia de la información en tiempo real, y de calidad, dirigida por profesionales del periodismo, capaces de contrastar y de informar con rigor, a pesar de la confusión de cifras, la información descontrolada y los rumores. Si no fuera por esto, que complementa y filtra el océano de noticias que corren como la pólvora en Twitter y en el resto de las redes sociales, el miedo hubiera sido todavía más grande. O lo que es mucho peor, la desinformación y la ignorancia.

La radio ha sido y es uno de mis grandes amores. Y nunca me defrauda.

Hasta la próxima entrada.

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¿Qué tiene de malo la realidad?

A veces es horripilante. Me refiero a esas portadas de algunas revistas del corazón o “femeninas” en las que aparecen cuerpos y rostros como de cera, en los que ha desaparecido toda expresión, y toda naturalidad.

Recuerdo un reportaje de Tamara Falcó en 2011 que me impresionó muchísimo, porque era completamente artificial y hasta grotesco. Un cuerpo diminuto, una cabeza enorme, posturas imposibles. Todo desproporción, a todas luces innecesaria. Más, incluso,  si pensamos que tenía poco más de 20 años, cuando nos enseñaba a todos su nueva casa en el centro de Madrid.

Y ese es solo un ejemplo. Las páginas de papel cuché están repletas de esas imágenes fantasmagóricas y esas figuras “borradas”. A mí me dan mucha grima. Entiendo, porque lo vivo, el temor a envejecer y a la imperfección, que a las mujeres (sí, sobre todo a nosotras) nos acompaña -y a veces nos persigue- durante prácticamente toda nuestra vida. Es un asco. Pero creo que prefiero mis patas de gallo y las arrugas de mi cuello (que, por supuesto, no me hacen ninguna gracia), que parecer alguien sin vida y sin emociones, que es lo que borra, además, el Photoshop descontrolado.

Porque también he de decir que no se trata de culpar a la herramienta, que solo es eso y tiene muchos usos positivos, sino al uso psicótico que se hace de ella en algunos medios de comunicación, especialmente sobre fotografías de mujeres (sí, insisto, más en nuestro caso).

Todos tenemos en mente ejemplos patrios y extranjeros de estos excesos, algunos de los cuales llegan a ser ridículos y, por qué no decirlo, hasta patéticos. Odio pensar que nosotras preferimos vernos así, pero lo que más me cabrea es que muchos creen que queremos hacernos eso. Negar el paso del tiempo, de las hormonas, de los platos de jamón y de las risas… lo que viene a ser la vida, que a veces lleva consigo arrugas, granos, lorzas y más arrugas. ¿Y qué? Por favor, ayudémonos unas a otras a dar un corte de manga con peineta a la esclavitud de los estándares de belleza y de perfección que nos dominan, entre otras cosas.

Yo no quiero ser como Madonna, que en todos los reportajes tiene cara de momia sin alegría, ni como Isabel Presley, que rejuvenece en vez de cumplir años, ni como Carmen Martínez Bordiú, que no se parece en nada a ella misma.  Todavía se me pone la piel de gallina cuando recuerdo la portada de las dos últimas en la Revista de las Revistas. Además, es solo un engaño que únicamente se mantiene en las páginas. ¿Para qué, entonces?

En cualquier caso, me gusta ver que algo que estaba tan extendido y aceptado como hecho consumado, empieza a resquebrajarse, y que algunas mujeres de las que salen en estas revistas se quejan de que las “retoquen”, y algunas incluso se niegan a ello.

El ejemplo más relevante, por su repercusión, es el de Kate (video que encabeza esta entrada), que ya había manifestado su desacuerdo antes, pero que ahora ha incluido una cláusula específica sobre el tema en su último contrato publicitario.

Ella es la más famosa y reciente, pero no la única. Nuestra Inma Cuesta organizó un buen revuelo hace poco en las redes sociales, cuando vio la fotografía que publicó el Dominical en su portada de hace unas semanas, en la que aparecían ella y Eduardo Noriega, y en la que la habían reducido a la mitad y eliminado todas las imperfecciones de su cara. Le parecía totalmente innecesario. A mí también. La foto original era preciosa, y ella aparecía tan guapa -y tan real- como es de verdad.

No quiero decir nada del trozo de nalga que le quitaron a uno de los Ángeles de Victoria Secret en una revista. ¿Se puede saber qué tipo de rectificación hay que hacerle a un cuerpo como ese? Es surrealista e increíble… E indignante.

Creo que hasta que no abordemos con naturalidad la presencia de las mujeres en los medios, empezando por nosotras mismas, esto va a ser un cambio muy lento, aunque inevitable. ¿A quién no le gusta una buena foto?¿A quién no le apetece ver caras hermosas y sonrisas deslumbrantes en las revistas de LifeStyle?¿Cómo no vamos a querer disfrutar de la ropa, el maquillaje y el peinado de los que aparecen, cuando leemos este tipo de medios? Pero es que estos esperpentos no son buenas fotos, esos cuerpos y esas caras no son bonitos y esas sonrisas están muertas.

Ser actriz, modelo o mujer en general no supone dar licencia para dejarse hacer eso…y menos para desearlo. Viva la (hermosa) imperfección.

Hasta la próxima entrada.

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La dignidad y la muerte

La historia de la niña Andrea –a la que por fin han dejado descansar–  y la lucha de sus padres, ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la eutanasia, el suicidio asistido y la muerte digna. No son la misma cosa, ya lo sé. Pero, en el fondo, la cuestión es una, por lo menos para mí. Porque todo se reduce a una gran pregunta, que nos tortura o nos hace rebelarnos: ¿Por qué y para qué debemos soportar el dolor, el deterioro y el miedo de los últimos momentos de la vida (eso es, ni mas ni menos, la muerte)? ¿Qué sentido tiene sufrir sin esperanza?

Supongo que la fe y, sobre todo, las creencias religiosas (que no son exactamente lo mismo) pueden determinar la respuesta a esta tremenda pregunta. Pero yo, que perdí esa fe hace ya mucho tiempo, soy incapaz de entender la necesidad de dejar este mundo penando hasta el final. Si es hora de irse, que sea pronto, con los míos y sin dolor.

Tal vez a alguno os sorprenda que saque este asunto aquí. Pues os lo explico: los temas como este, y como otros controvertidos, se reabren de cuando en cuando, casi siempre relacionados con un caso concreto que salta a la opinión pública, y más si este no se resuelve fácil y rápidamente. Y el último de estos ejemplos es, precisamente, el de Andrea. Pero no es el único. Otras mujeres y niñas, por sus circunstancias,  nos hicieron reflexionar y hablar públicamente sobre todo esto:

  1. Antes que Andrea, la historia de otra niña también nos conmovió profundamente. Se trataba de Gina, de 11 años, hija de la periodista catalana Elisabet Pedrosa. Hace poco más de un año, y después de meses en el hospital mientras el extraño Síndrome de Rett acababa con ella, tuvo “una muerte luminosa y llena de vida“, en casa, abrazada por su familia. Su madre, una gran luchadora, escribió después un precioso libro, Seguiremos viviendo, en el que habla sobre su terrible pérdida y la experiencia de la familia.
  2. Otra historia extraordinaria es la de Brittany Maynard. Esta estadounidense de 29 años, decidió morir cuando ella quiso, junto a su marido, en noviembre del año pasado. Para ello tuvo que dejar su casa y mudarse a Oregon, para poder hacerlo legalmente. Quería seguir decidiendo sobre su vida, hasta el final. Y permanecer en el recuerdo de los suyos todavía con brillo en los ojos y ganas de sonreír, no deshecha por el dolor e hinchada por los fármacos.
  3. Este verano me sacudió especialmente la historia de Laura, una joven belga de 24 años, deprimida desde su infancia, que solicitó la eutanasia a las autoridades de su país, donde esta es legal, aduciendo un argumento demoledor: “la vida no es para mí“. No sé qué ha sido de ella ni si finalmente murió,  pero debo decir que entiendo el cansancio de vivir y defiendo el derecho a salir de aquí cuando y cómo uno quiera, y el de ser asistido y acompañado en esa marcha,

Son solo 4 nombres de mujer, que representan a personas de todo el mundo que claman – para ellos o para alguno de los suyos- por la dignidad de la muerte, exactamente igual que para el resto de la vida, y por la libertad del individuo para decidir sobre ella en todo momento.

Si pensamos en la vejez, todo esto se convierte en un concepto mucho más amplio, una decisión casi social. Cuando lo pienso, para mí y para los míos, lo que se me viene a la cabeza es aquella frase de Oscar Wilde “Lo peor no es envejecer; lo verdaderamente malo es que no se envejece”, que cita Rosa Montero en este hermoso artículo del año pasado, a los pocos días de la muerte de Brittany. Uno puede estar lleno de vida y ganas de disfrutarla hasta los 100 años,  pero es posible que otros no estemos dispuestos a aceptar la devastación del tiempo sobre nuestro cuerpo, mientras nuestro espíritu y nuestra cabeza siguen siendo jóvenes.

Como Rosa Montero, reconozco que para esto soy una cobarde y reivindico a los que lo son como yo -muchos, me temo-  recordando las palabras de Javier Sádaba en su inolvidable y sentido Recuerdo Vivo, “confieso mi miedo a morirme y, cómo no, a que mueran los que amo. E incluso a que mueran los que no he conocido ni conoceré“.  Y, sobre todo, confieso mi miedo al sufrimiento.

Me niego a asumir, de acuerdo con Manuel Vincent en El País de hoy, que “nuestro último trance todavía está fiado al destino, que según su capricho puede otorgarte la gracia de morir de repente o durante el sueño o mediante una bajada suave sin dolor hacia la disolución en la ilimitada oscuridad o bien podrá ensañarse contigo hasta el extremo de la máxima alevosía sin que nadie se atreva a oponerse directamente a esta tragedia“. Pues yo me opongo con toda mi alma  y lucharé por una “muerte luminosa” para los que amo y para mí misma. Lo juro

Hasta la próxima entrada.

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Gloria Steim. De una gran admiradora

En la vida es importante tener referencias. Aquí está una de las mías. Esta señora de 81 años recién cumplidos es un ejemplo para mí. Periodista, activista, feminista. Tres cosas que compartimos y que admiro profundamente en ella. ¿Por qué?

1.- Como periodista, fue pionera. Se inventó las revistas de mujeres, hechas por mujeres y para mujeres, muy diferentes a las clásicas (y convencionales) revistas femeninas sobre moda, belleza y trucos para pescar marido que habían llenado las mesillas de las mujeres americanas hasta entonces. La revista Ms. (señorita en inglés) fue un icono del feminismo, como la propia Gloria.

2.- Como activista, fue coherente. Siempre rechazó el matrimonio, casi la única opción de una mujer en la época en la que ella era joven. Consideraba que era la fórmula que habían encontrado los hombres para someter a las mujeres, tras la abolición de la esclavitud. Al final se casó, pero ya en el S.XXI, con el amor de su vida. Un compañero con el que solo vivió tres años, porque enfermó y murió. Ella afirma que solo contrajo matrimonio cuando consideró que la institución se había librado de todo el peso de la discriminación y la dominación a las mujeres, y legalmente fue igualitario.

Personalmente, no estoy convencida de que eso pasara nunca. De hecho, en EE.UU. y en muchas otras sociedades occidentales, y no digamos ya en otras culturas, las mujeres siguen siendo actrices secundarias en la pareja y la desigualdad y el micromachismo cotidiano siguen en la mentalidad de la mayoría de nosotros, aunque nos rebelemos contra ello). Pero ella estaba convencido de que la lucha había merecido la pena y que, por lo menos en eso del matrimonio, había dado sus frutos. O a lo mejor se quiso convencer de ello para justificar que quería unirse legalmente al hombre que había elegido. Si eso la hizo feliz, me alegro por ella. Yo también me casé con mi compañero y sigo compartiendo la vida con él. Eso sí, no le di tantas vueltas, sinceramente. Simplemente, lo hice.

3.- Como feminista, es incansable. Ha defendido a las mujeres desde su juventud hasta hoy mismo. Con su palabra y con su pluma. Y, como os decía, con sus actos y con su vida. Uno de mis artículos favoritos es es Si los hombres menstruasenlleno de agudeza, de ingenio y de inteligencia.

No sé si ya conocíais a Gloria Steim u os la estoy descubriendo yo con estas líneas y este vídeo, pero seguro que muy pronto os sonará a todos. ¿Por qué? Porque la HBO está preparando una miniserie sobre su vida, producida por un insigne admirador de esta inquieta mujer judía: nada menos que George Clooney . A ella la interpretará Marisa Tomei, que seguro que lo hace magníficamente (me encanta esta actriz).

Puede que fuera mejor que volviera a la actualidad y recuperara protagonismo por algo que pudiera considerarse menos banal… Puede. Pero la verdad es que no me importa la razón. Ojalá todas las mujeres admirables y ejemplares fueran el tema principal de series de televisión o de películas. Desgraciadamente, no es así. Pero, quién sabe, es posible que algún día esto haya cambiado.

Antes de acabar por hoy, me gustaría empezar a preguntaros por vuestros intereses. Empecemos por lo más general. Ya nos iremos conociendo más, y os haré preguntas más “íntimas”.

Hasta la próxima entrada.

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MUJERES, COMUNICACIÓN Y +

Soy Aurora. Periodista y mujer.

Como veréis, no me he complicado mucho la vida para elegir el tema principal de este blog. Pero es que es de lo que más sé (y no demasiado) y lo que creo que puede resultar más interesante para hipotéticos interesados.

A mí, personalmente, me gustaría que aquí habláramos de mujeres especiales. Conocidas y reconocidas, o anónimas. Me encantaría poder descubriros algunos nombres y algunas historias que os sorprendan, os admiren u os sirvan para el trabajo o para la vida.

Pero también tendremos que abordar problemas, acontecimientos y sucesos que afectan a mis compañeras de género y en los que la comunicación, porque las utiliza, porque las ensalza, porque refleja sus acciones o reflexiones, tiene un papel relevante en lo que impactan -ellas o lo que hacen- en la sociedad. En el pasado, en el presente o en el futuro de los que andamos por aquí.

  1. Mujeres pioneras
  2. Mujeres valientes
  3. Mujeres únicas
  4. Historias de mujeres
  5. Casos sobre mujeres
  6. Ideas para mujeres

El vídeo con el que empezamos esta -espero- conversación  reúne varios de estos puntos. Quiero presentaros (o recordaros, según los casos) a Carmen Burgos,  una mujer que se adelantó a su tiempo, una periodista y escritora mucho tiempo olvidada. Es un símbolo del Movimiento de la Mujer.

En este corte de Noticias Cuatro, Miguel Ángel Oliver, la recordaba para todos nosotros. Fue la única mujer que tuvo el “honor” de estar en la triste lista de autores prohibidos que nació tras acabar la Guerra Civil. Este granito minúsculo de arena quiere ayudar a recuperarla como se merece.

Bueno, pues esto es solo el punto de partida. Porque quiero empezar preguntándoos. ¿Qué preferís vosotros?

También me gustaría ir descubriendo si vosotros sois eso, vosotrOs, o si la mayoría sois vosotrAs. Me encantaría que hubiera un poco de todo, aunque lo dudo mucho. No sé muy bien por qué, los temas de mujeres nos interesan, sobre todo, a nosotras.

Hasta la próxima entrada