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Golpeada hasta la muerte

Zahra Kazemi fue encarcelada, torturada y violada en un centro de detención en Teheran en verano de 2003. Murió en el hospital unos 20 días después de su detención, “por un infarto mientras era interrogada”, según fuentes oficiales.

Zahra había nacido en Iran en 1948. Después estudio en París y, desde allí, viajó a Canadá con su hijo. Consiguió la doble nacionalidad canadiense-iraní y siguió trabajando como fotoperiodista por el mundo.

Porque ése fue su “delito”. Sacar fotos de los familiares de los “desaparecidos” en las revueltas estudiantiles de aquel verano, que se aglomeraban a las puertas de la prisión de Evin, como ya era costumbre tras este tipo de altercados, para intentar saber qué les había pasado a sus hijos o hermanos. Zahra solo hizo fotos de los alrededores de la prisión, pero esto no les gustó a los carceleros. Quisieron quitarle su cámara, y ella aceptó hacerlo ante su violencia, por ella misma, por los allí concertados y por la seguridad de los prisioneros. Pero no sirvió de nada. La arrestaron allí mismo, y por lo que se supo después, durante 3 días fue golpeada y violada brutalmente.

La primera razón oficial de su muerte fue la de ataque cardiaco, aunque luego se reconoció que había muerto “accidentalmente” por un golpe en la cabeza. Su madre, vio su cuerpo torturado y destrozado, y nunca creyó en la versión de las autoridades iraníes.

Su muerte, sin embargo, pasó inadvertida y no provocó el gran escándalo internacional que merecía hasta casi dos años después, cuando el exmilitar y forense iraní  Shahram Azam, compartió la verdad sobre su muerte para conseguir asilo político en Canadá en 2004.

Después de recorrer el mundo con su cámara al hombro, recogiendo imágenes de la vida y los acontecimientos mundiales más relevantes, primero en Latinoamérica y Europa, y posteriormente en Oriente Medio (estuvo varias veces en Irak y Afganistán, durante invasiones y conflictos), fue a morir en su propio país, a manos de sus compatriotas. Simplemente por hacer su trabajo.

La historia de Kazemi no es un hecho aislado, lo que no le resta ni una pizca de dramatismo a su asesinato, injusto y sin sentido, como todos. Durante lo que va de siglo, decenas de periodistas han sido torturados y/o asesinados por cumplir con su labor informativa, ya sea a través de la cámara o de la pluma. Solo en 2015, al menos 110 periodistas murieron, según el informe anual de Reporteros Sin Fronteras.  En 67 de estos casos RSF afirma de manera formal que  fueron asesinados debido a su profesión o mientras la ejercían –con lo que la cifra total de periodistas asesinados por este motivo asciende a 787 desde 2005–.

La Libertad de Expresión tiene, sin duda, un precios. Los periodistas trabajan para dejar testimonio y sacar a la luz los problemas del mundo y algunos se quedan en el camino.

Gracias, compañeros

Hasta la próxima entrada.

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La “invisible” Rosario Pi

Invisible para todos. Para los intelectuales de la II República y parte de los recuperadores de la Memoria Histórica por supuestas inclinaciones filo-fascistas. Por el Franquismo, por mujer, por feminista y por “meterse” en una profesión de hombres.

Rosario Pi puede considerarse la primera mujer directora española (con permiso de Helena Cortesina y su Flor de España de 1922), cuyas películas coinciden, además, con la llegada del sonoro. Fue productora (fundó Star Films, junto a Gutiérrez Bringas y Ladrón de Guevara), guionista (Doce hombres y una mujer, dirigida por Fernando Delgado) y directora (El Gato Montés, 1935). Nada menos.

En todo, una adelantada a su tiempo, incorporando arquetipos de mujeres fuertes, autosuficientes y libres en las relaciones. También rechazaba ya la violencia machista, muchos años antes de que todos nos rasguemos las vestiduras. Tras la Guerra se exilió, primero a Francia y luego a Italia, con su amiga, la actriz María Mercader. Unos años después, volvió, pero jamás volvió a hacer cine, en aquella España oscura de la dictadura de Franco, de la que vivió los años más terribles, hasta su muerte, en 1967.

De hecho, Pi sólo dirigió dos películas, aunque fue guionista de alguna más y produjo varias. De todas ellas, solo se conserva una, la más famosa y la que más éxito tuvo en su momento, El Gato Montés, una adaptación de la zarzuela de Penella (1912), en la que la pluma de la cineasta se esmeró con  Soleá, la protagonista femenina , cuyo personaje reescribió para convertirla en una mujer independiente, que no necesitaba protección, y con un papel decisivo en la resolución de la trama y el conflicto entre sus dos pretendientes. Añadió además el personaje de La Peliculera, que ni siquiera existía en la obra original, una mujer cansada de fregar, llena de ilusiones de triunfo y que expresaba abiertamente sus deseos sexuales. Todo un hito para la época.

El éxito de su primera película, permitió Rosario dirigir otra más, ya en plena Guerra Civil y financiada por un General. Rodada en zona republicana, Molinos de Viento también estaba basada en la zarzuela del mismo nombre, obra de Ricardo Frutos, y protagonizada por Pedro Terol y María Mercader (que, con los años, decía no recordar haberla hecho). Como el resto de las películas en las que participó -de una u otra forma- la directora, esta cinta también desapareció.

Tras su exilio en Italia, Rosario Pi volvió a la España franquista, que no le dio ni una sola oportunidad en el cine. Una mujer creadora y liberada no tenía sitio en la industria cinematográfica de la Dictadura, dominada por hombres y en los que el “lado femenino” siempre estaba delante de las cámaras.

Habría que esperar varias décadas para que las mujeres directoras volvieran a ser una realidad por aquí.

Hasta la próxima entrada.

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Isabel Oyarzábal fue media docena de cosas, por lo menos

Otra mujer de una pieza. Hija de escocesa y malagueño-vasco, vivió como mujer republicana hasta su muerte como exiliada en México, porque murió antes que Franco. Sólo un año antes…

Esa combinación de orígenes, creencias y culturas, hizo de Isabel una persona especial en el ambiente burgués y provinciano de Málaga a finales del XIX. Fue profesora de español en Escocia, donde iba cada verano, y donde conoció a mujeres extraordinarias, como la sufragistas Eunice Murray y la gran bailarina Ana Pavlova, entre otras. Para ella, aquellos veranos eran los mejores momentos del año, dejando atrás en opresivo ambiente de su ciudad natal.

Porque Isabel no se conformó nunca con nada. Era una mujer inquieta y con enormes ganas de vivir, que no aceptaba el papel que se le imponía, por ser mujer y de “clase acomodada”.   Así que, acompañada por su madre, con una mentalidad mucho más abierta que la de su familia paterna, se lanzó al mundo y vivió múltiples experiencia.

He de decir que, sea en la época que sea, me fascinan las mujeres (las personas, en realidad) versátiles, capaces de hacer muchas cosas (bien, se entiende). Es verdad que el tiempo en el que le tocó vivir a nuestra protagonista, esto es todavía más admirable. Porque, fijaos:

  1. Fue actriz. Muy poco tiempo, es verdad. Entró a formar parte de la compañía de María Tubau, aprovechando la presencia de su compañía en Málaga. Una vez contratada, madre e hija se fueron a Madrid, donde participó en el montaje de la obra Pepita Tudó. Durante esa época, Isabel contrajo matrimonio con Ceferino Palencia, el hijo de la conocida actriz. No les fue demasiado bien como pareja, pero aprendió muchas cosas de su familia política y del “mundo de la farándula”.
  2. Feminista y sufragista, tal vez inspirada por las mujeres que conoció en su infancia y, sobre todo, por su madre y el ambiente liberal en el que vivió, una vez fallecido su padre, que era el de la mano firme y convencional. Militó en la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), de la que llegó a ser presidenta, y en 1920 fue delegada en el XIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer en Ginebra.
  3. Escritora y periodista. Por eso está aquí, entre otras cosas. Por su dominio del idioma, colaboró con publicaciones inglesas como The Standard y Laffan News Bureau. Además, después, con su hermana Ana y  Raimunda Avecilla publicó la revista La Dama y la Vida Ilustrada, con contenidos para mujeres. También escribió para  Blanco y Negro, El Heraldo, Nuevo Mundo o La Esfera. Autora varios libros, sobre muchos temas, son sus Memorias la más valorada de sus obras, aunque no salieron en España hasta setenta años después de su publicación.
  4. Republicana y embajadora, por lo que más se la recuerda. En otoño de 1936, ya iniciada la Guerra Civil,  fue nombrada ministro plenipotenciario en la Embajada de España en Suecia. Antes había participado en la Sociedad de Naciones, y dio conferencias en Estados Unidos y Canadá y en el congreso del Partido Laborista de Edimburgo. En enero de 1937 estaba en Estocolmo para presentar sus credenciales al rey sueco, pero tuvo que esperar un tiempo porque  su predecesor, proclive al bando rebelde, se resistía a dejar su puesto. En Suecia conoció la novelista ganadora del Nobel Pearl S. Buck y a la socialista y feminista rusa Alexandra Kollontai, de quien escribió una biografía.
  5. Inspectora de trabajo, la primera mujer en ocupar este puesto por oposición en España, en 1933.
  6. Exiliada. Isabel no fue una excepción, y como muchos otros intelectuales de la época, se exilió tras la caída de la República. En 1939, ella y su familiar, partieron a México, donde murió sin regresar jamás a España.

Lo que os decía desde el principio. Otra gran mujer. Una más. Gracias, Isabel.

Hasta la próxima entrada.

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La conversación más difícil

Toca otra entrada de esas raras. Una personal, como la que escribí sobre Elena. Voy avisando, por si alguien quiere dejar de leer ya. Esta vez solo va de mí. Si no os interesa, os espero en la siguiente. No os preocupéis, lo entiendo, y no os lo tendré en cuenta.

En realidad, es una necesidad.  Yo, lo confieso, hablo muchísimo. A veces (muchas veces, en realidad), demasiado. No me importa admitirlo ni que me lo digan (bueno, depende de quién y cómo, sinceramente). Algunas veces, incluso agradezco que me paren, cuando estoy en uno de esos brotes de verborrea que, en ocasiones, me dan cuando estoy nerviosa o preocupada. Parloteo casi sin control y no me viene nada mal que alguien -con cariño y respeto- me pida que me calle. Yo, en esos casos, no puedo parar. Otras veces es porque tengo mucho que decir. Y lo digo.

Pero cuando se trata de hablar conmigo misma, ya es otra cosa. No siempre, pero a veces, y más últimamente, me da miedo. Y no lo hago. Me aturdo con información y estímulos externos (lectura, películas, trabajo, charlas con los demás…) y evito tener esa conversación. Enfrentarse con el propio yo no es nada sencillo, sobre todo cuando ese yo no está en su mejor momento.  ¿Qué te vas a decir? ¿y qué te vas a contestar? Igual no te gusta nada, porque estás cagada de miedo.

La charla que tendría que tener conmigo misma está llena de preguntas, de las que no sé o no me gustan las respuestas. Pero sé que tengo que hacerlo, así que lo hago. Sola o con ayuda ¿Qué mas da? lo importante es no dejarte llevar por el miedo, ni por las sensaciones que, muchas veces, no son más que eso.

Como veréis, a lo que me refiero verdaderamente es a que es importante llevarse bien con una misma. Es casi lo primero. Sin eso, a los demás los vuelves locos. No entienden nada de lo que te pasa, porque no lo sabes ni tú. No lo has “tratado” desde dentro. Los otros no te van a salvar, aunque te quieran mucho. Aunque te adoren.

¿Da miedo? Claro ¿Sientes vértigo? Serías una inconsciente si no fuera así. Pero no hay otra. ¿Y sabes por qué?

  1. Porque eres tu mejor amiga. 
  2. Porque te conoces -o deberías hacerlo ya a estas alturas, así que espabila- mejor que nadie
  3. Porque te lo debes
  4. Por egoísmo, que está muy bien.
  5. Porque tu gente se preocupa cuando estás tan rara.
  6. Por la pura necesidad de averiguar qué narices está pasando.
  7. Por el placer de descubrir las cosas maravillosas que tienes y que casi nunca te paras a disfrutar.
  8. Por auto-crítica y aprendizaje.
  9. Por análisis. Cuando te paras a reflexionar, ves mucho más lejos, muchas más cosas y menos tremendas.
  10. Por valentía. Si identificas enemigos ahí dentro (reales o no), podrás pelear.
  11. Por diversión. A veces, eres estupenda y muy graciosa.
  12. Por ética. Para saber y resolver.
  13. Por estética. Así podrás colocar algo en su sitio.
  14. Porque es bueno para el alma. Y la cabeza, sobre todo para “esa cabeza”.
  15. Por salud. Mental y de la otra.

Por lo menos, yo lo veo así. A pesar del temor y la pereza del antes. Aunque después te sientas triste o decepcionada. Porque también puede pasar lo contrario. Que seas capaz de distinguir la mierda de las flores y que éstas sean muchas más de las que esperabas. Y también para tomar decisiones, grandes o pequeñas, que son las que hacen avanzar la vida que, si no, se queda como fría y lela. Y eso sí que no.

Salir del propio desconcierto es una tarea que solo puede hacer uno mismo. Aunque no apetezca, aunque aterre. Porque es posible que las luces sean más potentes que las sombras y te quites, de una puñetera vez, esa especie de niebla que atonta y no te deja ver más allá de tus narices.

Creo que me he convencido. Os dejo para seguir conversando.

Hasta la próxima entrada.

 

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¡Acción! 10 cineastas españolas a las que disfrutar

Me encanta el cine. De todas las épocas, de cualquier procedencia, sobre todos los temas y de casi todos los géneros.

Las mujeres, en el cine, también sufren discriminación. Lo único positivo de esto es que cada vez es más pública esta situación y muchas estrellas reivindican igualdad de salarios, de oportunidades y de buenos papeles para las mujeres. El otro día leí en la columna de Carme Chaparro en Yo Dona un dato curioso (y triste), sobre un estudio en el que alguien se había molestado en comprobar cuánto hablaban las princesas Disney en la películas que teóricamente protagonizan y que, no lo olvidemos, ven, sobre todo, las niñas. Poco. Hablan muy poco.

En la dirección, las mujeres también tienen una importante desventaja y mucho que luchar, para conseguir el dinero y la confianza que tienen los hombres. Y en su caso, esto es importante para ellas y también para el resto de las que viven de la industria y por este maravilloso arte. Y ellas, para nosotras, las demás, también son relevantes, como la mirada femenina del cine sobre el mundo, la historia, las relaciones y las personas. A veces, me doy perfecta cuenta de que llevo toda mi vida mirando el mundo a través de los ojos de Wilder, Ford, Houston, Amenabar, Almodovar o Berlanga.

Así que he decidido traer aquí mi modesta selección. ¿El criterio? Caótico, como siempre. Gusto personal, admiración, recuerdos, afinidad personal, nostalgia, repeto… De todo. Pero me ha salido una lista de 10 la mar de apañada.

  1. Ana Mariscal lo hizo todo en el cine, aunque empezó en ese mundillo por casualidad, cuando estudiaba Matemáticas en la unversidad. Primero fue actriz, toda una estrella, y la protagonista de la odiosa Raza (cuyo guión se dice que fue escrito por el mismísimo Franco). Después,  pasó a producir y escribir guiones y, finalmente, se animó a ponerse detrás de la cámara. Su trabajo más reconocido fue El Camino, sobre la novela de Delibes. Nunca dejó la interpretación, ni en cine ni sobre las tablas. Fue una artista completa.
  2. Pilar Miró no tuvo una vida muy larga, pero sí prolífica. Y accidentada. Empezó en TVE, donde se bregó en la profesión, dirigiendo programas y retrasmisiones “de todos los colores”, antes de pasar al cine. Dirigió 9 películas con desiguales resultados, pero siempre con rigor y profesionalidad. Los actores y los miembros de sus equipos técnicos la adoraban y siempre querían repetir. Fue Directora General del Ente Público RTVE, puesto en el que fue muy criticada e incluso se vio envuelta en un “escándalo” (comprar ropa para asistencia a actos utilizando dinero público) que ahora parece un juego de niños, pero que en su momento tuvo mucha repercusión y se explotó políticamente. Murió demasiado joven, a los pocos días de dirigir la retransmisión de la boda de la Infanta Cristina (¿Qué diría ahora de los líos en los que anda metida?). Su corazón era frágil y, un día, demasiado pronto, se paró. Entre sus pelis, mi favorita El Perro del Hortelano, con Enma Suárez y Carmelo Gómez en estado de gracia.
  3. Josefina Molina no ha parado desde que decidiera que esto de la dirección de escena, cine, televisión -o lo que le echen- era lo suyo. Es Hija Predilecta de Andalucía (nació en Córdoba) y Goya de Honor, entre otros muchos -y merecidos reconocimientos. También ha sido guionista y ha hecho cortos, series, documentales. En esta lista está, además de por todo eso, por su liderazgo y su feminismo. Es fundadora de CIMA (asociación de mujeres profesionales para fomentar la presencia equitativa de la mujer en el medio audiovisual) y autora, junto con Pilar Miró y Cecilia Bartolomé,  de Cine de mujeres en la Transición. La trilogía ´feminista´.  Es una luchadora incansable por la igualdad de las mujeres, también en su profesión.
  4. Gracia Querejeta es mucho más que la hija de su padre. Héctor, Siete mesas de billar francés o 15 años y un día demuestran que es una directora excelente, de historias llenas de sensibilidad, con actrices a las que saca el máximo partido. Me encanta.
  5. Chus Gutiérrez es una de las grandes, con una trayectoria y una filmografía dignas de admiración, y un poquito de envidia. Ha dirigido tanto largometrajes como cortos, e incluso ha hecho sus pinitos como actriz. El calentito me gustó mucho, pero mi favorita es la serie Ellas son así,  que escribió y dirigió, protagonizada por Maribel Verdú, María Barranco, Neus Asensi y María Adánez, y por la que recibió el Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer. Pasé muy buenos ratos con todas aquellas mujeres de la misma familia, tan distintas y tan divertidas.
  6. Isabel Coixet. Sentimientos y opiniones contradictorias. Sobre sus pelis, claro. Algunas me gustan mucho (La vida secreta de las palabras, Mi vida sin mí, o los documentales Escuchando al Juez Garzón e Invisibles), otras me aburren soberanamente. A ella, la respeto y la admiro. Y espero que cada vez haga más de las que me molan y menos de las que no. O que yo aprenda a sacarles la gracia a todas.
  7. Iciar Bollain. La adoro. Desde Hola, estás sola, aquella historia con Silke y Candela Peña que me ponía contenta en una época en la que yo no lo estaba. Me parece divertida, natural, lista y -sospecho que- buena gente. También me apasionan Flores de otro mundo y, sobre todo, Te doy mis ojos. Me emocionan profundamente. Todavía no he visto El Olivo, pero lo estoy deseando. Al crítico más duro que conozco -mi padre, de 87 años- le ha encantado.
  8. Leticia Dolera. Ha sido un placer ver Requisitos para ser una persona normal. Me encanta su tono, los personajes, la dulzura y el humor tierno que transmite. Y los vestidos de Leticia. Creo que se merece poder seguir dirigiendo. Ojalá lo consiga. La traigo aquí como mi apuesta. ¡A por ellos!
  9. Mabel Lozano. Ya sabéis que, en este caso, es una debilidad por este terremoto de mujer y su trabajo. Ya os lo conté aquí no hace mucho. Y lo ratifico todo. Aunque se quedara a las puertas del Goya, sigo creyendo que su documental era el mejor de los nominados.
  10. Paula Ortiz, la directora de La Novia. No la conozco mucho, pero me gusta. Y me cae bien. A ver por dónde sigue.

¿Qué os parece selección? Variada, por lo menos. Un grupo de mujeres de varias generaciones que han conseguido dirigir una o más películas. Podría haber sido una lista de 20, de 50… ¿De 100? No sé yo… ¿Os animáis a ayudarme a ampliarla?

Hasta la próxima entrada.

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7 razones al azar por las que estar enfadad@s

Yo, lo estoy. Pero no pierdo la fe en que las cosas cambien. Lo que pasa es que no tengo paciencia, y no quiero que sea “poco a poco”. Tiene que ser YA. Pero no es. De hecho, me temo que, en algunos aspectos, hemos dado pasos atrás.

Así que entre las cosas que siguen siendo como siempre y las que han empeorado, no se me pasa el cabreo. Ah, no. Que no puedo estar enfadada. Porque daría entonces la razón a los que afirman, sin dudarlo, que las feministas somos mujeres amargadas y frustradas. Yo, como Chimamanda Ngozi Adichie, me defino como una feminista feliz… O, por lo menos como una feminista optimista, o extrovertida, o… Bueno, ya me entendéis. Es que feliz es una palabra muy grande y una sensación temporal. Decir que eres una persona feliz (así, como estado general y permanente) es antinatural. Y mentira.

Volvamos a lo nuestro. ¿Qué cosas hacen que mi fe en el futuro no siempre esté lustrosa? Son cosas grandes y pequeñas. Cotidianas algunas y otras dramáticas. Todas trágicas para nosotras. Algunos ejemplos recientes, al azar:

  1. Leo que, en Colombia, la Alcaldía de Bogotá consideró a una mujer culpable de su propia violación y asesinato. De verdad. Según decían, por arriesgarse a ir a una zona peligrosa. Parece que ese auto se ha levantado, pero el hecho mismo de que se haya publicado me pone enferma y me hace pensar que el mundo lo está aún más.
  2. Miro a mi alrededor, y pequeños y grandes gestos de mujeres de todo pelaje -de hoy y de ayer- me entristecen. No entiendo por qué, algunas de nosotras, contribuimos a que esto del feminismo sea una lucha tan lenta e incluso mal interpretado. Hace poco, en este mismo blog, lo intentaba explicar. 
  3. Luego está ese rebrote del concepto de “Madre Total” que tampoco soy capaz de asumir. Creo que, en los últimos años, las mujeres nos hemos vuelto a someter a las cadenas de la crianza de nuestros hijos. Me preocupa, sobre todo porque está enmascarado bajo la idea del deseo voluntario y elegido. Ojalá sea así, aunque, personalmente, no lo creo. Son nuevas tiranías que, como de costumbre, atan a las mujeres. Mucho mejor que yo lo explicaba Milagros Pérez Oliva en este artículo, con el que me manifiesto totalmente de acuerdo.
  4. No sé si reírme o llorar cuando algo que sólo hacen menos del 2 % de los hombres se define como una “tendencia” social. Me refiero al número de padres que utilizan parte o toda la baja por paternidad que, según la ley, se puede compartir. Son bichos raros, en realidad. Y a los que lo hacen los vemos como héroes, mientras que asumimos como normal que la disfruten (o padezcan) el 98 % de las mujeres.
  5. Y no os digo nada de la brecha salarial, todo un insulto que existe en todas partes. Desde los países teóricamente más “desarrollados”. Persiste en todas partes. Incluso crece.
  6. También es verdad que hay cosas que la animan a una. Por ejemplo, que haya hombres como Miguel Lorente, capaces de tener toda la sensibilidad del mundo y ser tan reivindicativo como la mujer más feminista. Leer sus artículos y sus posts me reconcilia con la Humanidad.
  7. Y luego están esos micromachismos exasperantes de todos los días. A veces, invisibles de puro repetidos,  y tan sutiles que pican y no sabes dónde. No hay que dejar nunca de ponerlos en evidencia, ni de intentar que no se produzcan. No me da la gana de aceptar que me pongan a mí la Coca Light y a él la cerveza, sin preguntar (o sin recordar quién ha pedido qué). ¿Y si no pago? Porque la cuenta la he pedido yo… y se la entregan a él. ¿Y por qué aceptar opiniones sobre mi físico por la calle a quien no se las he pedido? Los piropos me repugnan. Y me niego a tolerarlos.

En fin… Y esto sólo mirando unas semanas para atrás y sobre cosas, en la mayoría de los casos, “rutinarias”. Sin detenerme únicamente en las realmente grandes y desesperanzadoras razones que confirman que queda mucho por hacer y que ocurren también cada día: asesinatos machistas, agresiones sexuales, lapidaciones y latigazos, ataques con ácido, ablaciones. Torturas, vejaciones y crueldad para la dominación.  Madre mía. Cuánto nos queda.

¿Es o no para enfadarse? Como dice Adichie en su charla y en su libro: “¡Claro que estoy enojada! Todos deberíamos estarlo”.

Así que creo que el “ensayito” feminista que recoge las palabras de esta “feminista feliz africana”, tan sencillo, claro y breve, debería estar en todas nuestras mesillas, bolsos, mochilas y cajoneras (es tan barato), recordándonos lo que realmente significa ser feminista y lo bueno que es para el mundo, para el presente y el futuro de la Humanidad. Es de justicia y, además, una muestra inteligencia como especie. No sé si seremos capaces.

Hasta la próxima entrada.

 

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Oprah en 10 sencillos pasos

Menuda vida. Aunque ella es la imagen del éxito, no todo fue fácil para Oprah. Ni siempre. Los años de su infancia y adolescencia fueron muy difíciles, pero salió adelante y se convirtió en una de las mujeres más poderosas del mundo. Es admirable, verdaderamente.

Muchas veces es difícil recomponer una vida joven, truncada por años de abusos, dolor y maltrato. Entre los 6 y los 14 años, esta muchacha negra nacida en Missouri en los años 50 vivió en el infierno, con embarazo, parto prematuro y muerte de su hijo incluidos. Cuando escapó, la llevaron a Nasville y allí empezó, con la ayuda de su padre, a recuperar -poco a poco- su vida, sus estudios y su futuro.

Y ya fue imparable.

  1. A los 19 años empezó a trabajar como reportera de radio en una emisora de Nashville
  2. A los 22, se fue a Baltimore  a presentar el programa de televisión local People are talking durante ocho años, hasta convetirlo en un auténtico éxito nacional.
  3. Con solo 30 años, la WSL-TV de Chicago la contrata para presentar su propio programa de mañana, el talk show A.M. Chicago, que en pocos meses consigue colocar  en el número 1 del ranking de audiencias
  4. Un año después, el programa ya se llama The Oprah Winfrey Show y se convierte en todo un fenómeno de la TV, sin precedentes. Fue el número 1 de las televisiones estadounidenses durante más de 20 años, con casi 30 millones de espectadores sólo en los Estados Unidos, el programa más visto de la historia de la televisión.
  5. En 1986 fue nominada al Oscar como mejor actriz de reparto por su papel en El Color Púrpura y funda su propia productora, Harpo (su nombre al revés).
  6. En 1991 lideró una campaña para la creación de una base de datos nacional abusadores de niños, proyecto que se convirtió en la ley conocida como Oprah-Bill de 1993,  bajo la presidencia de Bill Clinton.
  7. En 2010 se emite, en Sidney, el último programa de The Oprah Winfrey Show, y crea su propia cadena de televisión,  Oprah Winfrey Network (OWN), con dos programas sindicalizados: Dr. Phil y Dr. Oz show,  producidos por Harpo Productions, que ella no presenta, aunque a veces asiste como invitada.
  8. Según la revista Forbes, fue la persona afroamericana más rica del siglo XX y la mujer más poderosa del año 2005, así como la celebridad más poderosa en 2005, 2007, 2008, 2010 y 2013.  En 2010, la revista la definió como “la famosa más influyente del mundo” y en 2014 la colocó en el puesto 14 de la lista de las 100 mujeres más poderosas del mundo.
  9. Life la ha calificó como la mujer más influyente de su generación y  Time la nombró una de las cuatro personas que han dado forma al siglo XX y al inicio del siglo XXI. En el 2005,  Business Week la calificó como la más grande filántropa de origen negro en la historia de los Estados Unidos
  10. Ha recibido muchos premios, entre ellos varios Emmys y en 2011 fue ganadora del Oscar Humanitario Jean Hersholt por su labor humanitaria a favor de las causas sociales. Es Doctora Honoris Causa por Harvard y en 2013 fue condecorada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo reconocimiento civil de su país, por el presidente Barack Obama.

Oprah es un montruo. Un fenómeno de la comunicación. Pero también es más que eso. Es una superviviente que hizo mucho más que sobrevivir. Ha dejado a medio mundo mudo de admiración  y se ha convertido en un icono para los norteamericanos y en un mito global. Y, todo ello, lo ha utilizado también para alcanzar metas más allá de lo profesional y lo económico.

Ella no representa exactamente lo que yo querría ser como periodista. No la considero una de mis maestras. Pero creo que es única, admirable y un torrente de energía positiva.

Hasta la próxima entrada

 

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Una Alondra vuela hasta Australia

 

Estoy convencida de que, entre otras taras (físicas y mentales), sufro cierto grado de amusia. ¿Que qué es eso?  Que me encuentro entre esas personas que han nacido sin la capacidad de entender ni apreciar la música. No es que no me guste. Es que me suele dejar fría. Y me da una rabia enorme. Ya sé que os parecerá marciano, pero es así.

Para todo lo demás, soy una persona con las emociones a flor de piel. Bastante intensa -diría que demasiado- y todo me afecta. Desde el gesto o la imagen más cotidianas -una noticia, un gatito en Internet o un buen día de sol- a un diálogo cinematográfico bien dirigido e interpretado, las artes plásticas en todas sus expresiones y, por supuesto, la literatura. Mi gran pasión.

Pero la música, no. Y me gustaría. Vaya que sí. Me muero de envidia cuando veo la pasión que despierta en mi hijo y mi marido, y las conversaciones exaltadas sobre grupos, álbumes, artistas y conciertos entre ellos y mis sobrinos, por ejemplo (ambos músicos desde diferentes ángulos). Y, por supuesto, me encantaría disfrutar como ellos y tantos otros del placer que veo que experimentan cuando escuchan ese extraordinario lenguaje sonoro que hace disfrutar a millones de personas en todo el mundo y que es algo así como el quimérico idioma universal.

La música es PURA COMUNICACIÓN. Transmite emociones, mensajes, ideas, retos, rebeliones y hasta revoluciones. Mirad (o mejor, escuchad) los himnos, por ejemplo. O canciones que se han convertido en clamores sociales. ¿Y el amor? ¿Qué mejor forma de expresarlo que una  buena canción que, en pocas estrofas, apoyadas por la melodía, es capaz de expresar, mágicamente, lo que sientes y tú no eres capaz de explicar con tus palabras? Menos mal que para eso, también tengo la poesía.. (reflexión personal).

En fin, que me disperso en mis limitaciones. Hoy escribo de música con nombre de mujer. Y eso es, en sí mismo, un acontecimiento cuando nos referimos a la Clásica y, sobre todo a la dirección de orquestas. La mexicana Alondra de la Parra es una luz brillante en este mundo de hombres, en los que los nombres femeninos mas que escasos son una rareza. En todas las profesiones las maestras que abren camino son esenciales para las que vienen detrás.

Se acaba de hacer público que en 2017 será la directora musical de la Queensland Symphony Orchestra de Australia. Impresionante. Y con sólo 36 años. Qué no le deparará el futuro. Me produce una enorme admiración porque, además, transmite humildad y pasión. Nada de ese aire remilgado de algunos de sus colegas masculinos.

Alondra vive en la música desde los 7 años. Piano, chelo, composición… Licenciada en piano bajo la tutela Jeffrey Cohen, y en Maestría de dirección de orquesta con Kenneth Kiesler, en 2003 funda en Nueva York la Orquesta Filarmónica de las Américas, para promover y difundir las obras de jóvenes compositores y solistas latinoamericanos -absolutamente desconocidos entonces al otro lado de la frontera-  y educar a los niños de escuelas públicas del Bronx y de orquestas infantiles en México.

Por supuesto, de la Parra ha dirigido también muchas otras orquestas, tanto en su México natal como en otros países, incluida la que ahora va a dirigir de forma permanente al otro lado del mundo, en Australia, y con la que dice sentir una química especial.

Para alguien como yo, esta mujer representa algo inimaginable y casi misterioso. La música como esencia de una vida. Pero, desde la distancia de mi incapacidad, he de decir que, en realidad, representa lo que muchos querríamos. Vivir en y para lo que nos apasiona y que se nos valore por ello, como han podido hacer también otras afortunadas, en el campo que hayan elegido y en el que -seguro- se han tenido que partir la cara. Aportar algo al mundo y a las personas, que las haga disfrutar y un poco más felices, y ayudar a difundir tu pasión, desde tu corazón -y su batuta- hasta el último rincón del mundo.

Alondra, me das envidia. Suerte. Es la de muchas.

Hasta la próxima entrada.

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Las 4 caras de Ève, la Curie sin Nobel

Ève era una artista. Un “bicho raro” en la familia Curie, dedicada en cuerpo y alma a la ciencia, y laureada por ello. Sus padres y su hermana Irene fueron investigadores de reconocidísimo prestigio, todos ellos en el campo de la radioactividad.

Pero a ella, aunque tan brillante como los demás -incluso se graduó en ciencias por aquello de la tradición- la vida y la ilusión la llevaron por otros caminos, en los que también destacó y que disfrutó durante sus más de 100 años de vida.

  1. Fue pianista. Desde muy pequeña se sintió fascinada por la música clásica y fue una concertista precoz. Durante los años 20, recorrió algunas de las salas más prestigiosas con su música, demostrando una destreza notable. Qué envidia.
  2. Fue hija. Y el orden de esta relación no es aleatorio, porque este papel lo ejerció después del anterior. No había cumplido los 2 años cuando su padre murió en un accidente, y su madre se distanció de su dolor, y de paso de ella y de su hermana, refugiándose en sus trabajos de investigación. Más adelante, recuperaron su relación y el tiempo perdido. Madre e hija tuvieron una conexión especial, y estuvieron muy unidas, hasta la muerte de Marie, víctima de la leucemia provocada por la radioactividad, a la que consagró su vida y su trabajo, y que la hizo merecedora nada menos que el Premio Nobel (años después, también su hermana Irene recibió el galardón más importante del mundo. Vaya familia de genios)
  3. Fue periodista. Trabajó como reportera durante la II Guerra Mundial y, una vez finalizada la contienda, fundó y co-dirigió el Paris-Press, hasta 1949.
  4. Fue escritora. Su obra más alabada y recordada fue la biografía de su madre, publicada tras la muerte de éste y todo un best-seller en 1937. En ella, Ève humanizaba y transmitía amor y admiración por una de las mujeres más importantes de la Historia. Debió de ser un honor y un enorme peso ser la hija de Madame Curie.
  5. Fue filántropa… consorte. En realidad, no. Ella misma dirigió y gestionó la fundación que llevaba el nombre de su madre durante muchísimos años.  Pero también fue esposa de Henry Labouisse, embajador estadounidense en Grecia cuando se conocieron, y luego director ejecutivo de Unicef y el que recogió otro Premio Nobel, en esta ocasión el de la Paz, concedido a la organización en 1965.

Así que Ève siempre vivió rodeada de personas especiales, tanto como ella misma lo fue, desde un plano de discreción y humildad rebajado un grado respecto al resto. Ella era lista, era hermosa (por dentro y por fuera), era fuerte. Una Curie única. Fue Ève. Y durante tanto tiempo

Hasta la próxima entrada.

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Señoritas no, mujeres

La Institución Libre de Enseñanza es todo un símbolo cultural del siglo XX, lo mismo que la famosa Residencia de Estudiantes en la que vivieron genios como Dalí, Lorca o Buñuel, y que ha sido inmortalizada por el cine, la poesía y la misma Historia. Cuna de la Generación del 27 y de parte de lo mejor del arte y la pasión anteriores a la Guerra que lo asoló todo.

Esta es la versión masculina. De aquel lugar mágico y lleno de inquietud intelectual y artística fue de los barros maravillosos de los que nacieron lodos en los que se combinó lo trágico y lo extraordinario.

Pero resulta que, solo 5 años después de que se fundara la Residencia de Estudiantes, y en el mismo lugar (un precioso “hotelito” en la calle Fortuny de Madrid) que ésta dejó porque necesitaban más espació, se creó la Residencia de Señoritas, inspirada en la primera y que bebía también de los principios de la Institución. Unas 30 residentes y un puñado de profesoras abrieron las puertas de aquel lugar único, en el que aquellas valientes se atrevieron con la Filosofía, el Arte, la Ciencia y el deporte, actividades consideradas “de hombres” en aquella España de principios de siglo.

Y que no os confunda su nombre, cursi, machista y rancio. María de Maeztu, su fundadora, tenía muy claro que aquello era el principio de un largo recorrido para las mujeres. Es verdad que, tanto profesoras como residentes, eran “señoritas” de buenas familias de clase media-alta, en una época en la que las obreras y las mujeres del campo ni siquiera sabían leer y escribir. Sin embargo, aquellas jóvenes – y no tan jóvenes- abrieron un camino que todas nosotras tenemos que agradecer.

Con fuertes vínculos con su entidad hermana, el International Institute for Girls en España, ellas fueron de las primeras que empezaron a hablar y a demandar el voto para las mujeres, siguiendo la estela de las sufragistas americanas y británicas de la época.

Por aquellas salas, laboratorios y bibliotecas pasaron nada menos que María Zambrano – que a tantas mujeres nos ha enseñado a pensar-, Victorina Durán, Clara Campoamor o la mismísima Premio Nobel Marie Curie, unas como docentes estables, otras participando en algunas de las frecuentes actividades organizadas por y en la propia residencia. Entre las “alumnas” estuvieron Victoria Kent (una de aquellas primeras 30), científicas como María García Escalera y Cecilia García de Cosa, o Matilde Huici, por ejemplo.

El objetivo era la promoción de la formación universitaria para las mujeres, como requisito imprescindible para que éstas tuvieran un papel activo en aquella sociedad totalmente masculina, en la que ellas no pintaban nada y servían, sobre todo, para trabajar y parir, siempre al servicio de sus padres, de sus hermanos, de sus maridos e incluso de Dios.

Durante sus poco más de 20 años de existencia, la Residencia de Señoritas (maldito nombre) fue el campo de cultivo burgués de la intelectualidad femenina -y feminista- de nuestro país. Ellas empezaron a ocupar puestos de relevancia en una España que empezaba a dar muestra de pequeños pero significativos cambios. En el Congreso de los Diputados, en la Escuela y la Universidad, en el Derecho, en la Filosofía.

Pero otra vez la infausta fecha del 18 de julio de 1936 dio al traste con un sueño, el de aquella institución, sus mujeres y el de una sociedad, que como todas las del mundo, las necesitaba mucho. El día que empezó la Guerra, la residencia estaba casi vacía por las vacaciones de verano. Durante el asedio a Madrid, sus instalaciones fueron utilizadas como hospital y orfanato. Cuando acabó la contienda, ya en Valencia, María de Maeztu dimitió y se fue de aquella España indeseable.

Después de aquello, la Residencia se convirtió en un Colegio Mayor regido por la infausta y nunca bien criticada Sección Femenina de la Falange (Su nombre y su recuerdo son igualmente insultantes). Bajo la dirección de Matilde Marquina, en 1940 volvió a funcionar con el nombre de Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, con su director espiritual (un sacerdote varón, naturalmente) y todo. Como podéis barruntar, aquel sitio no se parecía más que en las paredes a la Residencia original y los principios y objetivos de aquella, como tantas otras cosas importantes en aquellos tiempos, se fueron al garete.

Pero aquellas “señoritas” fueron nuestras maestras, las que pusieron los cimientos de la presencia de las mujeres en la universidad española, hoy tan abundante -y, en algunos campos, abrumadora-. Fueron las que hicieron posible que nuestra voz, aunque a escondidas, nunca dejara de oírse y leerse. A veces, a gritos. Otras, en susurros.

Hasta la próxima entrada.