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Y un día, lo dijo

A todos nos ha pasado alguna vez. Por lo menos a mí me ha pasado. Normalmente, en la vida profesional, uno intenta no airear públicamente algunas de sus opiniones porque sabes que no van a encajar bien, o van a ser malinterpretadas, o sencillamente resultarán ofensivas para algunas personas. Y te las callas, durante mucho tiempo. Pero un día, con la guardia baja o en un falso ambiente de confianza, lo sueltas. Y todo es tan malo como te habías imaginado, pero ya no hay vuelta atrás. ¿Os ha pasado a vosotros también? Es frustrante, sobre todo porque todo el esfuerzo previo no ha servido para nada.

Pues si eres una de las periodistas más famosas del mundo, ya más allá del final de tu carrera, y tus declaraciones consisten en decir que los judíos centro-europeos se tendrían que haber quedado en sus países después de la II Guerra Mundial, en lugar de participar en la creación del estado de Israel, evitando así el conflicto con los palestinos, las consecuencias son una auténtica bomba mediática y hasta diplomática.

Estamos hablando de Helen Thomas, la primera mujer periodista acreditada en la Casa Blanca. Durante medio siglo cubrió la información de los gobiernos de nada menos que 10 Presidentes de los EE.UU., desde el mismísimo JFK hasta Obama, al que puso en jaque más de una vez, a pesar de sus casi noventa años, desde las primeras filas de la famosísima sala de prensa que todos conocemos.

Helen Thomas vivió más de 90 años y fue testigo de primera línea de los acontecimientos más importantes de los últimos 50, acompañando a Presidentes y Vicepresidentes norteamericanos en sus hazañas, errores, escándalos y éxitos. Helen fue la primera mujer funcionaria del National Press Club, la primera miembro y presidente de la White House Correspondents Association y, en 1975, la primera miembro del Gridiron Club (la más antigua y prestigiosa asociación de periodistas de Washington, cuyos miembros solo acceden por invitación).

Y un día, en apenas unos minutos, todo se vino abajo. Sus afirmaciones provocaron finalmente su dimisión, e hicieron que la cuestionara como profesional -aunque resulte increíble- desde todos los ámbitos, incluido su propia agencia, United Press, y la misma Casa Blanca. En 2010 dejó el trabajo de toda su vida y murió solo 3 años después, a los 92, en su casa de DC.

Unas pocas palabras acabaron con la carrera de una mujer única, la primera de muchas en muchas cosas, entregada a su oficio y un referente para la profesión. Palabras duras que molestaron a gente poderosa.

Hasta la próxima entrada

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¿Qué tiene de malo la realidad?

A veces es horripilante. Me refiero a esas portadas de algunas revistas del corazón o «femeninas» en las que aparecen cuerpos y rostros como de cera, en los que ha desaparecido toda expresión, y toda naturalidad.

Recuerdo un reportaje de Tamara Falcó en 2011 que me impresionó muchísimo, porque era completamente artificial y hasta grotesco. Un cuerpo diminuto, una cabeza enorme, posturas imposibles. Todo desproporción, a todas luces innecesaria. Más, incluso,  si pensamos que tenía poco más de 20 años, cuando nos enseñaba a todos su nueva casa en el centro de Madrid.

Y ese es solo un ejemplo. Las páginas de papel cuché están repletas de esas imágenes fantasmagóricas y esas figuras «borradas». A mí me dan mucha grima. Entiendo, porque lo vivo, el temor a envejecer y a la imperfección, que a las mujeres (sí, sobre todo a nosotras) nos acompaña -y a veces nos persigue- durante prácticamente toda nuestra vida. Es un asco. Pero creo que prefiero mis patas de gallo y las arrugas de mi cuello (que, por supuesto, no me hacen ninguna gracia), que parecer alguien sin vida y sin emociones, que es lo que borra, además, el Photoshop descontrolado.

Porque también he de decir que no se trata de culpar a la herramienta, que solo es eso y tiene muchos usos positivos, sino al uso psicótico que se hace de ella en algunos medios de comunicación, especialmente sobre fotografías de mujeres (sí, insisto, más en nuestro caso).

Todos tenemos en mente ejemplos patrios y extranjeros de estos excesos, algunos de los cuales llegan a ser ridículos y, por qué no decirlo, hasta patéticos. Odio pensar que nosotras preferimos vernos así, pero lo que más me cabrea es que muchos creen que queremos hacernos eso. Negar el paso del tiempo, de las hormonas, de los platos de jamón y de las risas… lo que viene a ser la vida, que a veces lleva consigo arrugas, granos, lorzas y más arrugas. ¿Y qué? Por favor, ayudémonos unas a otras a dar un corte de manga con peineta a la esclavitud de los estándares de belleza y de perfección que nos dominan, entre otras cosas.

Yo no quiero ser como Madonna, que en todos los reportajes tiene cara de momia sin alegría, ni como Isabel Presley, que rejuvenece en vez de cumplir años, ni como Carmen Martínez Bordiú, que no se parece en nada a ella misma.  Todavía se me pone la piel de gallina cuando recuerdo la portada de las dos últimas en la Revista de las Revistas. Además, es solo un engaño que únicamente se mantiene en las páginas. ¿Para qué, entonces?

En cualquier caso, me gusta ver que algo que estaba tan extendido y aceptado como hecho consumado, empieza a resquebrajarse, y que algunas mujeres de las que salen en estas revistas se quejan de que las «retoquen», y algunas incluso se niegan a ello.

El ejemplo más relevante, por su repercusión, es el de Kate (video que encabeza esta entrada), que ya había manifestado su desacuerdo antes, pero que ahora ha incluido una cláusula específica sobre el tema en su último contrato publicitario.

Ella es la más famosa y reciente, pero no la única. Nuestra Inma Cuesta organizó un buen revuelo hace poco en las redes sociales, cuando vio la fotografía que publicó el Dominical en su portada de hace unas semanas, en la que aparecían ella y Eduardo Noriega, y en la que la habían reducido a la mitad y eliminado todas las imperfecciones de su cara. Le parecía totalmente innecesario. A mí también. La foto original era preciosa, y ella aparecía tan guapa -y tan real- como es de verdad.

No quiero decir nada del trozo de nalga que le quitaron a uno de los Ángeles de Victoria Secret en una revista. ¿Se puede saber qué tipo de rectificación hay que hacerle a un cuerpo como ese? Es surrealista e increíble… E indignante.

Creo que hasta que no abordemos con naturalidad la presencia de las mujeres en los medios, empezando por nosotras mismas, esto va a ser un cambio muy lento, aunque inevitable. ¿A quién no le gusta una buena foto?¿A quién no le apetece ver caras hermosas y sonrisas deslumbrantes en las revistas de LifeStyle?¿Cómo no vamos a querer disfrutar de la ropa, el maquillaje y el peinado de los que aparecen, cuando leemos este tipo de medios? Pero es que estos esperpentos no son buenas fotos, esos cuerpos y esas caras no son bonitos y esas sonrisas están muertas.

Ser actriz, modelo o mujer en general no supone dar licencia para dejarse hacer eso…y menos para desearlo. Viva la (hermosa) imperfección.

Hasta la próxima entrada.

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Oriana Fallaci: una vida repleta de vida

En este Blog no podía faltar Oriana Fallaci, un nombre que toda mujer periodista o escritora ha repetido varias veces, y más si es europea.  En este caso, para mí, se mezclan sentimientos. La admiro, por supuesto, pero los alegatos de sus últimos años, tras los atentados del 11 S en Nueva York, contra el islamismo radical, me resultan inquietantes y, en sus escritos y declaraciones, no veo claramente la -evidente- y deseable diferencia entre la crítica a ese radicalismo infame y el respeto a la fe musulmana y a los individuos que la profesan pacíficamente. Y me parece peligroso. Probablemente su profundo repudio al antisemitismo y el impacto de lo ocurrido en 2001 se mezclaran en su alma.

Dicho esto antes de seguir, la vida de Fallaci es, por sí misma, una historia apasionante y, en cierta manera, envidiable para cualquier mujer, especialmente si tenemos en cuenta que nació en 1929 y las mujeres de su generación -y de varias posteriores- no tuvieron el privilegio ni el derecho a vivir grandes cosas. Ella fue, al mismo tiempo, una afortunada y una luchadora. Y se lo ganó.

Desde la infancia hasta que en 2006 la venció «el otro» (como ella llamaba al cáncer de pulmón que sufrió durante varios años),  pasó por el mundo dejando huella. Hija de un activo antifascista, Edoardo Fallaci, siendo una niña luchó activamente contra el fascismo en su Italia natal, como correo para la Resistencia italiana durante la ocupación nazi de su ciudad, Florencia, en la II Guerra Mundial. Fue condecorada después de la contienda, cuando contaba solo 14 años.

Su vida y su profesión siguieron siendo emocionantes después. Aunque empezó a estudiar medicina, decidió después dedicarse al periodismo, como su tío Bruno, con el que trabajó en algunas publicaciones. Y lo que pasó después es ya Historia del Periodismo. Alternó Estados Unidos con Italia como lugares de residencia, y viajó como enviada especial a los más relevantes conflictos de su tiempo. Cabe destacar sus vivencias en Vietnam, que marcaron su vida y su carrera. Y entrevistó a todas las personalidades y personajes de su época. Hombres y mujeres admirables y despreciables en proporciones similares.  Desde Henry Kissinger a Fellini, de Jomeini (es famoso su enfrentamiento y el gesto de quitarse el chador que la obligaron a ponerse para la entrevista) a Indira Ghandi, de Arafat a Sean Connery, de Golda Meir a Gadafi.  Gran entrevistadora, ampliamente reconocida por esta labor, reunió varios de sus trabajos en el libro Intervista con la Storia, de 1974.

Pero más allá de su trabajo, Fallaci tuvo experiencias y momentos únicos también personalmente. En 1968, durante la Matanza de Tlateloico en México, a la que asistió como periodista y como activista, fue dada por muerta e incluso trasladada, herida, al depósito de cadáveres, donde, afortunadamente descubrieron que seguía con vida. Ella describió la masacre como «peor que las que había visto en la guerra».

Y en lo puramente privado también tuvo una vida apasionante, aunque dura. Conoció a su compañero de vida, Alekos Panagulis, opositor a la Dictadura de los Coroneles griega y vivió con él 3 años, hasta su muerte, en 1976, cuando su coche se estrelló. Oriana nunca creyó que fuera un accidente, al igual que la muerte de su amigo Pasolini. Lettera a un bambino mai nato, uno de sus mayores éxitos editoriales,  fue su homenaje al hijo que no llegó a nacer, fruto de su relación con Panagulis. Y, tras llorarlos a ambos,  continuó trabajando y recorriendo el mundo, para contarlo.

Con esta vida tan intensa y apasionante, que incluso ha dado para una miniserie en la RAI, no es de extrañar la prolífica obra de Oriana Fallaci, tanto periodística como narrativa.

Tenía muchísimas cosas que contar.

Hasta la próxima entrada.

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«Esclavas del poder»: «no nos callarán»

En México es difícil ser periodista . Hace apenas unos días, asesinaron al fotoperiodista Rubén Espinosa y a cuatro mujeres que se encontraban con él en el momento de su «ejecución», entre las que se encontraban la activista Nadia Vera y Alejandra, la empleada de hogar, así como un par de amigas más. Algunos  de ellos se habían atrevido a molestar al Poder, allá en Veracruz, y los mataron a todos.

En México también es muy duro ser mujer. La trata, las violaciones y la violencia machista son frecuentes.  La sociedad mexicana, como la nuestra, sigue teniendo ramalazos culturales de aquello de «los hombres de verdad», la falsa protección y la dominación real. Esto, mezclado con el narcotráfico y la corrupción, ponen a las mujeres en el punto de mira, literalmente hablando.

Así que ser mujer, periodista peleona y feminista en aquel país es triplemente arriesgado.  Lydia Cacho es una de esas mujeres valientes e incansables. Desde siempre, ha alzado la voz en defensa de las mujeres en general y de las su país en particular. Ha denunciado también la corrupción y se ha metido hasta los ojos en las historias que ha escrito para denunciar, pero también para reclamar Justicia (con mayúsculas).

Eso, y menos en México, nunca es gratis y a ella le ha pasado una factura elevada, y aún tiene que estar agradecida de seguir con vida, a pesar de cuestionar a los poderosos, que además se ayudan y conspiran juntos contra los que amenazan el status quo y sus negocios o negocietes .  Tuvo que salir zumbando del estado de Puebla, amenazada de muerte. Antes, fue detenida y procesada ilegalmente por el Gobernador,  haciéndole un favor al «empresario» libanés al que ella había osado poner en la picota en su libro Los demonios del Edén, donde desvelaba una red de pornografía infantil.

La detuvieron nada menos que por Difamación, la retuvieron y la torturaron. Los pillaron, sí. Hubo un gran escándalo, es cierto. Pero ella, por esta y otras razones igual de inaceptables, tuvo que huir y refugiarse en casa de su hermana. Hace apenas unos meses participó en un careo con el policía que encabezó el grupo de agentes torturadores a los que sufrió en 2005. Durante varias horas, Lydia relató las 30 de horror a la que la sometieron por hacer su trabajo y por denunciar una gran red de pederastia y el abuso de decenas de niñas.

Pero Cacho no se rinde. En 2010 publicó Esclavas del poder, investigación periodística con historias contadas a la autora por mujeres y niñas que sobrevivieron a las redes mundiales de trata de personas. Historias tremendas contadas en primera personas, en entrevistas que, en sus propias palabras, eran, cada una, «la entrevista más dura de mi vida, hasta que llegaba la siguiente».

Y sigue peleando por las mujeres y su dignidad, por los Derechos Humanos que deberían asistirlas y protegerlas y por la Libertad de Expresión. Escribe sus artículos en los diarios nacionales, aparece en los canales de televisión y publica en su propio blog y en los de otros, como en este reciente texto, en el que precisamente hace referencia al asesinato de Rubén Espinosa, con especial atención a las mujeres que lo acompañaban:  Nadia Vera Pérez,  Yesenia Quiroz, Alejandra y una colombiana de la que no conocemos el nombre pero que también fue violada y asesinada, como sus tres compañera.

No nos callarán.

Gracias, Lydia.

Hasta la próxima entrada

Nellie Bly de carne y hueso. La mujer periodista que dio la vuelta al Mundo

Hay mujeres que verdaderamente son unas adelantadas a su tiempo, e incluso al nuestro. Este es el caso de Elizabeth Jane Cochran, una gran mujer y una extraordinaria periodista, de «raza», como se suele de decir, que hizo Periodismo de Investigación (las mayúsculas  no son casuales). Una joven de Pensilvania que escribió una carta al editor del Pittsburgh Dispatch, llevada por la indignación. Y como la carta era tan buena, ese mismo editor -que sería un machista pero no era tonto- la contrató como reportera.

Y a partir de ahí, ya todo es Historia. Elizabeth, trabajando con el seudónimo de Nellie Bly (por la famosa canción de Foster), fue una verdadera pionera. Se la recuerda por su viaje de Vuelta al Mundo, con el que batió el récord de los 80 días de Verne, y por reportajes arriesgados, como el que escribió tras vivir como infiltrada en un psiquiátrico femenino, sufriendo en primera persona el terrible trato que recibían allí las pacientes, para denunciarlo.

Como muchas otras mujeres de su tiempo, el matrimonio supuso para ella un parón en su carrera. Pero como, desgraciadamente, su marido murió a los pocos años, se incorporó de nuevo a su trabajo tras su fallecimiento, y siguió en primera línea los años del sufragismo y la I Guerra Mundial.

Nellie, o Elizabeth, o Pink -como también la llamaron- se ha convertido en un auténtico mito y un referente para las mujeres periodistas del mundo. Y para todas las demás.

Ella fue una soñadora y una luchadora. De las que aquí nos gustan tanto. En unos pocos pasos, ha llegado a ser un icono femenino y feminista. Tanto que hasta Google le hizo un Doodle (video embebido en este post) por su cumpleaños, y ella misma fue la inspiración de Karen O para una canción en su honor que es la BSO de esa pieza (venía de una canción y se convirtió en otra, qué ironía).

Porque Nellie Bly

  1. Se enfadó y escribió una carta maravillosa, que la convirtió en periodista
  2. Se cambió el nombre, varias veces. Y siguió siendo ella misma
  3. Trabajó con Pulitzer y lo conquistó con su cerebro y su coraje
  4. Se fue de viaje por el mundo y volvió pronto, para contarlo
  5. Estaba tan loca que se hizo pasar por loca para denunciar una locura más grande
  6. Se casó -un poco- y, cuando había llorado a su rico y muerto marido, volvió a lo suyo.
  7. Se mezcló con aquellas grandes mujeres sufragistas a las que debemos tanto
  8. Estuvo en la Gran Guerra y escribió sobre las miserias del Frente del Este
  9. Siguió viva hasta que la neumonía pudo con ella, lo que ningún hombre había logrado
  10. Nos inspiró con sus palabras y con sus acciones. Eso que da tanta envidia

Me he dado cuenta, de que este sitio se está convirtiendo en oda a mujeres muertas.  La semana que viene, escribiré sobre alguien que todavía respire, lo prometo.

Hasta la próxima entrada….